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Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas

Soy Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas, una persona como vosotr@s. Con mis particularidades, que evitan que todo seamos idénticos. No pretendo mas que, de vez en cuando, publicar algunas letras en prosa o en verso, que os sirvan a vosotros de entretenimiento, y a mi para extraer algo de ideas de mi ce...

Sobre este blog de Cultura

¡Tenemos letras, palabras y frases, oiga! ¡Hacemos mezclas con ellas que sanaran su espíritu! ¡Lo tenemos todo baratito y fresco! ¡Llévese alguna, oiga, que me lo quitan de las manos!


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  • 16
    Septiembre
    2015

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    Cultura

    DELIRIO SACRO

     

    DELIRIO SACRO

          El oblato tachó un día más en el calendario que guardaba en su caja de madera junto a algunos retratos, escondida tras el armario. Llevaba ya dos meses allí recluido y no comprendía por qué sus padres, especialmente su madre, una tragasantos de primer banco en la iglesia que tenía claro que era necesario tener un clérigo en la familia, lo habían dejado en ese monasterio con la pretensión de que pudiera encontrar la llamada de Dios y entrar en la orden.
          No era su ambiente el monacal, y la virtud de la fe estaba a años luz de su espíritu, tampoco era amigo de rezos y su mente estaba en las calles con los amigos. Esto le sirvió para recibir varios torniscones diarios, como si de esa manera los religiosos lograrían una pírrica victoria sobre el alma descarriada del joven.

     

    DELIRIO SACRO

          Esa noche no durmió en su celda, los frailes lo llevaron a las antiguas mazmorras y allí lo dejaron para que reflexionara sobre su fe. Pero no pudo reflexionar, solo oía los movimientos de las ratas, algunos pasos sobre los tablones que le hacían de techo y la gran preocupación de su cerebro al observar los antiguos instrumentos de tortura cubiertos de telarañas dispuestos a su alrededor. Así, recostado sobre un montón de paja, se dejó vencer por el sueño.
          Se despertó sudando, estaba en su habitación destapado. De un salto se incorporó y se colocó sus vaqueros, su camiseta de Iron Maiden y sus botas, miró a la mesilla de noche donde tenía su porro de hachís a medio consumir y exclamó. ¡Vaya mierda de sueño!

     

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