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  • 15
    Septiembre
    2015

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    Gustavo Clemente

    El delirio del abuelo

    Empiezan a llegar hordas de vuelos low cost repletos de abuelitos como el de los nietos de Carlos Fabra. Quizá no preguntó qué os parece el aeropuerto del abuelito, sino el aeropuerto para abuelitos. Marina d'Or les espera, pero ya nada será igual. Atrás quedó la edad de oro. Hay sociólogos que definen los aeropuertos como no-lugares. Es decir, como espacios sin identidad y sin historia. Sin embargo, quizá podamos asegurar que el aeropuerto de Castellón sí­ tiene historia, la historia de un delirio. El delirio del abuelo.

    Les voy a confesar que, hace tres años, cuando Sheldon Adelson respondió a Jesús Ger que el entonces conseller de Territorio de la Generalitat de Catalunya, Lluí­s Recoder, tení­a razón y habí­amos llegado tarde a la puja por Eurovegas, sentí­ el mismo pellizco en mi alma codiciosa que todos los lunes cuando compruebo que la Primitiva no me ha hecho millonario aún, aun cuando practico sistemáticamente la cultura del esfuerzo semanal de acudir a sellarla. Me había ilusionado, no sé si se lo he contado, y hasta encontrado parecido -un aire acaso- entre Alberto Fabra y aquel Elvis, de tupé zaino bailando al ritmo de un coro de bongós locos. Joven y ágil, contoneando las caderotas de este a oeste mientras canturreaba aquello de Viva las Vegas. Ahora, sólo le vemos tocando el tambor con ilusión adolescente. Los sueños, sueños son, que dirí­a Calderón.

    El rey de Marina d´Or, disponiendo y gobernando, lanzó el órdago contra Alcorcón y la mismísima Barna pre Ada Colau para entrar en la terna de los potenciales anfitriones del complejo ludopático. Teníamos clima, -dijo el entonces President- tení­amos costa, un rico interior y un espacio aprobado urbaní­sticamente. Y debíamos tener ilusión, esperanza y nuevos proyectos. Y hasta teníamos de cara a Ximo Puig,en ese momento líder de la oposición valenciano, que objetó lo justo. Aposté por ello. Visualicé al turista de gorro ranchero y acento tejano aterrizando en el aeropuerto internacional de Castellón el finde de la Formula 1 para echarse unas manos antes de ver a Alonso girar en la ruleta del Street Circuit apostándolo todo al uno, rojo, impar y pasa. Un turista dispuesto a dejarse los duros en los chiringuitos paelleros escuchando a los camareros de gracejo patrio recitarles el tengo de to.

    Ya nada será igual. Eso sí­, el abuelo Carlos Fabra, en su delirio, cuando salga de prisión, podrá algún día volver a presumir de aeropuerto ante sus nietos. Como aquel de la leyenda. Sucedió hace algunos años, cuando el protagonista y su nieto paseaban por la sierra del Queralt, después de haber robado en el mercado. Un grupo de forajidos les asaltó en mitad del camino y comenzaron a propinar una somantapalos al anciano, más dolido porque su nieto presenciara la humillación que por el dolor físico propio de los guantazos selectivos y certeros. Cuando acabaron de zurrarle, le ataron a un árbol completamente desnudo y para acrecentar su ridí­culo le dejaron puesta la boina. El pequeño, extrañado, pregunto: -abuelo, se lo han llevado todo menos tu gorra?, a lo que el anciano medio moribundo aun pudo responder altivo: -claro hijo, pues menudo es tu abuelo para que le quiten su boina.

     

     

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