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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 13
    Septiembre
    2016

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    Ciència filosofía

    8 certezas de que nos vamos a extinguir (versión optimista)

    Fuente principal: Michio Kaku, “Hiperespacio”, Ed. Booket (2012)

    I. Jugando con bombas o el desafío del uranio

     

    8 certezas de que nos vamos a extinguir (versión optimista)
    ¿Hongo nuclear? Tan fácil como pulsar un botón con un dedo movido por el ego y la sinrazón

     

    En este momento la Humanidad ha alcanzado la posibilidad de aniquilarse totalmente. No menos de 50.000 armas nucleares disparables por no menos de 10 dirigentes mundiales, alguno de ellos tan “estable” como Kim Jong-un, pueden sobradamente acabar con toda la vida sobre el Planeta. Y aún en el caso de que los misiles no destruyan a todas las personas en los lanzamientos iniciales de una guerra nuclear, debemos prevenir la muerte agonizante causada por el terrible invierno nuclear, durante el cual el hollín y las cenizas de las ciudades incendiadas bloquearán lentamente la luz solar que nos da la vida. Las tormentas de fuego oscurecerán la atmósfera. Descenderán las temperaturas, se perderán las cosechas, se helarán las ciudades… Y poco a poco los vestigios de la civilización se extinguirán como una vela… ¡O no! Seamos optimistas y pensemos que en el mejor de los casos la razón y la compasión prevalecerán y no nos extinguiremos por este motivo. Pero…

    II. Y el medio ambiente dijo basta…

    Suponiendo que podamos dominar el uranio sin destruirnos en una guerra nuclear, la próxima barrera infranqueable será, con altísima probabilidad, el colapso ecológico. Actualmente somos muchos y el planeta sigue siendo el mismo. La elevada población de la Tierra, unida a la falta de conciencia en el uso de sus recursos, exacerba los problemas de contaminación al tiempo que poco a poco va agotando dichos recursos. Un peligro muy real es el envenenamiento de la atmósfera, en forma de dióxido de carbono, que atrapa los rayos del Sol y eleva la temperatura media del planeta, provocando un efecto invernadero incontrolado. Ante tal escenario, pereceremos… ¡O no! Seamos optimistas y esperemos que se conciban, y sobre todo, cumplan, políticas públicas a nivel planetario que impongan el respeto al medio ambiente y los recursos naturales como la absoluta prioridad de todos los Estados. Pero… 

    III. ¡Tengo frío!

    A los idiotas y a todos los demás…

    No sería la primera vez que sobreviene una era glaciar. De hecho se producen de forma periódica. Se espera la siguiente en unos cuantos miles de años y curiosamente toda nuestra civilización se ha desarrollado en apenas 2 ó 3 mil, durante la etapa final de uno de esos periodos que se denominan "interglaciares". El interglaciar actual recibe el nombre de Holoceno. Según Wikipedia, los cambios debidos a la variación orbital de la Tierra sugieren que la próxima glaciación empezará de aquí a cincuenta mil años, pese al calentamiento global provocado por el ser humano. Aun así, los cambios provocados por los gases de efecto invernadero deberán compensar la variación orbital si se continúan usando combustibles fósiles. En resumen, sería una fatal paradoja que nos pasemos la vida temiendo al calor (desde luego con buenas razones) para luego morir de frío… ¡O no! Seamos optimistas porque si la Humanidad realmente se enfrenta a esta terrible ola de frío en unos 50.000 años, es porque ha sobrevivido a la locura de los políticos y a la contaminación, por lo que existen fundados motivos para pensar que, todos unidos en pos de un avance científico hoy impensable, podamos dominar totalmente el clima del planeta o, por qué no… ¡Abandonarlo! Pero…

    IV. Asteroides que se saltan un stop

    Por si fuera poco todo lo anterior, deberíamos preocuparnos, y no poco, por las más que probables colisiones de asteroides y por las supernovas cercanas. En el caso de los asteroides, muchos han sido ya los que han rozado o impactado con la Tierra, causando daños más o menos devastadores. Un comité de la NASA estimó en 1991 que existen entre 1.000 y 4.000 asteroides que cruzan la órbita de nuestro planeta y tienen más de medio km de diámetro, suficiente para plantear una amenaza a la civilización humana. Aún peor podría ser el estallido de una supernova. Esta libera enormes cantidades de energía, mayores que el producto de cientos de miles de millones de estrellas, hasta que eventualmente brilla más que toda la galaxia. Crea una ráfaga de rayos X que sería suficiente para provocar perturbaciones graves en cualquier sistema solar próximo. Esta ráfaga podría incidir sobre nuestra atmósfera, expulsando los electrones de los átomos. Los electrones describirían entonces trayectorias espirales en el campo magnético de la Tierra, creando campos eléctricos enormes. Estos campos serían suficientes para neutralizar todos los dipositivos electrónicos y eliminar todo tipo de comunicación a distancia, creando la confusión y el pánico… Según el gran Carl Sagan fue una supernova y no un asteroide la que acabó con los dinosaurios. Sus rayos cósmicos habrían quemado el nitrógeno atmosférico, eliminando la capa de ozono, incrementando la radiación ultravioleta, quemando a los animales más grandes, y mutando a los más pequeños… Un desastre que ya ocurrió y puede volver a ocurrir en cualquier momento… ¡O no! Seamos optimistas porque, si hemos superado todo lo anterior ¿por qué no esperar que seamos capaces de vencer a este terrible adversario natural? Pero lo peor aún estaría por llegar…

    VI. La diosa Némesis y el reequilibrio cíclico

    Una de las características sorprendentes de la vida sobre la Tierra es que la extinción de los dinosaurios sólo es una más de las varias extinciones en masa bien documentadas. La aludida extinción de los grandes saurios cerró el periodo Cretácico hace 65 millones de años. Mucho peor aún fue la extinción en masa que cerró el periodo Pérmico, que destruyó completamente el 96% de toda la vida animal y vegetal del planeta hace unos 250 millones de años, llevándose por delante a los trilobites, que hasta ese momento parecían indestructibles. Lo cierto es que se han producido 5 extinciones en masa que manifiestan una inquietante pauta: cada 26 millones de años aproximadamente, independientemente de la causa, se produce una gran extinción de este tipo. ¿Por qué ocurre esto? Pues no lo sabemos. La teoría que más suena es que nuestro Sol forma en realidad parte de un sistema de estrellas dobles, y que nuestra estrella hermana (llamada Némesis o Estrella de la Muerte) es en realidad la culpable de todo. La conjetura es que nuestro Solo tiene una compañera masiva e invisible que completa una órbita cada 26 millones de años. Cada vez que atraviesa la nube de Oort (una nube de cometas que supuestamente existen más allá de la órbita de Plutón), Némesis arrastra consigo una indeseable avalancha de cometas, algunos de los cuales chocan con la Tierra, dando lugar a tal cantidad de residuos que estos impiden que nos llegue la luz del Sol, entre otros desastres. En definitiva, la próxima vez que se acerque Némesis nos destrozará… ¡O no! Seamos optimistas porque hay razones más que fundadas para pensar que, para cuando esto vuelva a ocurrir (aún faltan unos cuantos millones de años para que se complete el próximo ciclo orbital de la gemela maliciosa), nuestra civilización estará tan adelantada que habremos conquistado las estrellas, el viaje espacial y, por qué no, el viaje espacio-temporal. Pero…

    VII. Sol, te echaremos de menos

    Pero un día lo hará, se pondrá por última vez y no volverá a brillar… Pero antes brillará más que nunca, con una fuerza abrasadora sin precedentes. Cuando ocurra esto, sin ninguna posibilidad de error, aniquilará la Tierra. Nuestro Sol tiene unos 5.000 millones de años y probablemente pueda funcionar como la “estrella amarilla” que es durante otros 5.000 más. Es mucho tiempo. Pero un día agotará todo su suministro de hidrógeno, quemará helio, se hinchará, y pasará de “amarilla” a “gigante rojo”. Su atmósfera se expandirá y calcinará hasta la desaparición todo lo que esté más cerca que Marte, incluyendo a este.  Este es el final más probable de todos los analizados hasta el momento, porque el acontecimiento de este hecho, un planeta tierra consumido en segundos por temperaturas tan altas que no podemos concebir, tiene una probabilidad del 100%. Esta vez, por tanto, es el fin… ¡O no! Seamos optimistas y esperemos que este absolutamente seguro final de la Tierra no suponga el final de la especie Humana, la cual, si milagrosamente ha prolongado su existencia hasta el mismo final del sistema solar, dentro de esta improbabilidad es extremadamente probable que dicho final le resulte anecdótico, o quizá que ni siquiera llegue a conocerlo nunca, porque muchos millones de años antes, en la era de las anteriores amenazas, y para evitarlas, habríamos emigrado muy lejos. Pero…

    VIII. El fin de los tiempos

    "Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" (Rabindranath Tagore)

    Pero estemos donde estemos, llegará incluso el día en el que la Naturaleza, con la que habremos competido creyéndonos provisionalmente vencedores, cerrará el juego con un gran golpe final. En una escala de tiempo de varios millones de años debemos enfrentarnos al hecho de que no solo el sistema solar, sino que también la mismísima Vía Láctea, nuestra galaxia, morirá. Y lo hará porque chocará con su galaxia más cercana, la gigantesca Andrómeda, hecho que ocurrirá a más tardar en unos 10.000 millones de años. Habida cuenta del tamaño de Andrómeda, más que un choque será una absorción; la Vía Láctea será deglutida por la inconmensurable atracción gravitatoria de la galaxia de mayor tamaño.

    Finalmente, en una escala de tiempo imprecisa pero de unos miles de millones de años, el propio Universo, continente de todo lo conocido y lo desconocido, también morirá. Esto supondrá con toda seguridad la muerte de toda especie con atisbo de vida, inteligente o no, que haya llegado tan increíblemente lejos como para observar impotente el fin de todo lo que fue… ¿O no? Se preguntaba Asimov si se puede revertir la entropía. Es probable que el Universo, en expansión desde el Big Bang, se siga expandiendo para siempre hasta temperaturas que se aproximen gradualmente al cero absoluto (no confundir por supuesto con “cero grados”; el cero absoluto es nada de calor). También existe una probabilidad de que el Universo no sea abierto, sino cerrado, en cuyo caso la expansión se invertirá y el Universo morirá en un violentísimo Big Crunch, una explosión de dimensiones inconcebibles que dejaría insignificante, por ejemplo, el aludido choque de galaxias en el que explotarían miles de millones de estrellas. Ninguna civilización, por adelantada que estuviese, podría enfrentarse a algo así y sobrevivir… ¿O sí? El gran Michio Kaku sostiene que el dominio del hiperespacio puede salvar a la raza humana (¿?) de su catástrofe final…

     

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