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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 24
    Mayo
    2015

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    SOCIEDAD Lengua tecnologías

    Anglicismos, neologismos y otros problemas de la lengua

    Quizá tenga razón Pérez Reverte cuando observa que cada vez que alguien dice "empoderar" o "empoderamiento" una lágrima cae del retrato de Cervantes.

    Sin duda la lengua evoluciona, y la tecnología y la globalización influyen, de forma cada vez más rápida y decisiva, en dicha evolución. Pero alguien debe controlar el proceso, y ese alguien seguramente somos nosotros mismos, los castellanoparlantes, incluso por encima de la propia Real Academia. Yo distinguiría varios supuestos:

    1) Anglicismos totalmente consolidados (sobre todo anglicismos, aunque podríamos hablar de extranjerismos en general): derivan por ejemplo del deporte: "córner", "penalty",  "alley-oop", "K.O", "boxes"... También los términos musicales, en este caso provenientes del italiano, como "allegro", "andante", "adagio", "presto"... Un caso curioso es el de los superhéroes, dado que los que ya tenemos unos años leíamos cómics de "La Masa" (ahora conocido como "Hulk"), "El hombre de hierro" (hoy simplemente "Ironman"), y "El hombre araña" (ya se hace raro no llamarle "Spiderman"). En todo caso son palabras que no resultan malsonantes en nuestros oídos en cualquiera de sus dos formas: castellano o inglés ("saque de esquina" o "pena máxima" son expresiones tolerables).

    2) Anglicismos más o menos consolidados, o que han aparecido más recientemente: derivan fundamentalmente de la informática, la electrónica y las telecomunicaciones, y así encontramos "pen drive" (podríamos decir "lápiz de memoria"), "banner" (una especie de tira publicitaria en una web), "bit" (apócope de binary digit), estar "on line" (se admite "en línea")... Si bien en ocasiones no tiene traducción, sobre todo por tratarse de abreviaturas del inglés, ya utilizadas internacionalmente, como "ADSL", que es Asymmetric Digital Subscriber Line; USB, que procede de Universal Serial Bus ("Bus en Serie Universal" suena horrible), URL, que viene de Uniform Resource Locator (decir "Localizador Uniforme de Recursos" sería espantoso), etc... En este apartado también cabría incluir nuestros anglicismos preferidos: "Open Government" ("Gobierno abierto"), "Smart City" ("ciudad inteligente"), y "e-government" ("administración electrónica"), entre otros, que como fenómenos universales que son entendemos que deben utilizarse en la forma mundialmente conocida.

    3) Anglicismos no consolidados que además suelen utilizarse indebidamente: el problema en este caso es que las personas que más los utilizan desconocen el significado real de la palabra, por lo que hacen un mal uso del lenguaje desde cualquier punto de vista. Personalmente tiemblo cuando alguien habla de "crowdfunding" (y no mucho mejor me suena "micromecenazgo"), o de "crowdsourcing" ("externalización de tareas"). En cuanto a los nuevos contratos mercantiles o bancarios, los hay bastante claros ("renting"), más dudosos ("leasing") y dudosísimos ("confirming"). Dudosos hablando en términos lingüísticos, no legales, que conste. También podemos incluir aquí los nuevos delitos, como "sexting", "ciberbullying" y "grooming". En este apartado también se encontrarían las nuevas profesiones, designadas mediante términos relativamente sencillos ("coach" y "manager"), más complicados pero asumibles ("community manager"), e impronunciables ("data scientist" o "digital marketing manager"), o los acrónimos SEO, SEM, CEO, CFO y COO. Todos estos cargos tienen perfecta traducción al castellano, aunque de esta forma sin duda suenan mucho menos impresionantes.

    Anglicismos, neologismos y otros problemas de la lengua

    4) Traducciones literales: son bastante peligrosas. El famoso "empoderamiento" ("empowerment") es desde luego una clara muestra de estas cuestionables traducciones literales. Fíjese usted qué poco costaría utilizar la palabra "fortalicimiento" o "refuerzo". "Customizar" es otra palabra espantosa, tanto si se traduce literalmente como si se incorpora directamente el término en inglés. Tampoco podemos dar por buenos, aunque ya estemos medio acostumbrados, los verbos "feisbuquear", "googlear" o "whatsappear", si bien personalmente "tuitear" no nos disgusta. Otros términos, como "selfie", han venido para quedarse, e incluso cabe reconocer que queda mucho peor decir "autofoto". Y otros, como "hangout" o "hashtag", son inevitables (¿cómo podrían traducirse?). En cuanto a la electrónica, está claro que una "tablet" es una "tableta" y un "smartphone" un "teléfono inteligente", pero sin duda van a acabar por consolidarse los anglicismos, al igual que en otros casos similares de nuevos dispositivos electrónicos que se incorporan a nuestras vidas y por tanto a nuestro lenguaje.

    5) Traducciones libres: huyan de ellas. Ahora está de moda el "fofisano" de marras (en teoría viene de "dad bod"), también traducido como "gordiflaco", vocablo que tiene el mérito de sonar tan mal como el anterior. Cuidado con los neoligismos sacados de la calentura del momento. No siempre derivan de malas traducciones, porque no dejarán de reconocer que eso de "amigovio" es imposible de fumar.

    En resumen: como en la Torre de Babel hay cierta confusión en las lenguas, pero pensamos que la castellana debe seguir siendo reconocible como tal, y que la penetración de términos internacionales, fenómeno imparable, debe no obstante admitirse una vez estos han sido consolidados por el uso, y no en el ejercicio de un esnobismo -por cierto, palabra de origen anglosajón, «snob», que viene a su vez de una contracción de la frase latina «sine nobilitate» (‘sin nobleza’)-, que aún con la pretensión de parecer sabios paradójicamente nos conduce a una peor dicción. Y a parecer más estúpidos.

     

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