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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 17
    Noviembre
    2013

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    Canal 9 - Políticos 0

    Si hablamos de antecedentes, y como jurista, les puedo decir que en este tema llueve sobre mojado. En efecto, históricamente las sociedades mercantiles de capital público –que no “empresas públicas”- han sido (y son) la excusa perfecta para saltarse a la torera el “incómodo” derecho administrativo, plagado de farragosos procedimientos, es verdad, pero al mismo tiempo de garantías. Dicho de otra forma, la creación de una mercantil era la forma de que las distintas AAPP contrataran a las personas (si hablamos de relaciones laborales) y empresas (de servicios y suministros) que subjetivamente considerasen, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que una entidad privada no se sujetaba al derecho público –afirmación hoy día muy matizable-. Una empresa privada hace lo que le da la gana, sí, pero claro, con el dinero público o con el servicio público el realganismo no vale, al menos a largo plazo, porque luego pasa lo que ha pasado.

    Esta “huída del derecho administrativo” -el que regula los procedimientos de selección de los contratistas o proveedores, y también el de los empleados de la entidad- se traduce en definitiva en una “huída del derecho”, de cualquier derecho, lo cual ha situado siempre a estas entidades, con muy pocas excepciones, en la clandestinidad jurídica. Como hemos visto Europa lo ha denunciado desde hace muchos años, pero aquí hemos hecho caso omiso. Para colmo se ha sobredimensionado un sector público ya per se cargadísimo en España. Es muy probable que esté justificada la creación de una mercantil para la prestación del servicio público de radio y televisión, no discutimos hoy eso –sí podemos discutir la creación de muchas otras entidades- pero esta situación de ilegalidad crónica, de mala gestión, y de ausencia de controles y auditorías jurídicas y económicas han ido acumulando despropósitos, y cómo no, deudas e ilegalidades. Y esto sí se puede aplicar a RTVV. Había mucho en juego, pero se ha optado por el clientelismo y no por la eficacia, enchufando (así de claro) a los afines para ocupar puestos directivos, los cuales han servido a su amo pero simultáneamente han machacado la entidad. Con la honrosa excepción de Rosa Vidal, una persona justo del perfil contrario al del “sobrino tonto”, pero a la que han pasado una “patata caliente” en el último momento. Además, por si tenía poca dificultad su tarea de reflotar la mercantil, no la han dejado trabajar.

    Lo cierto es que RTVV ha funcionado, en mi opinión desde su inicio pero de forma radicalizada en las dos últimas décadas, de esa manera viciada. Vicio que se agrava al tratarse de un medio audiovisual e informativo público… Y de este modo, desangrándose el enfermo, hemos llegado a los últimos años, los peores… Por razones de espacio no recapitularé en este momento los acontecimientos relacionados con el ERE, y su reciente Sentencia. El caso es que el fallo, como era de esperar, estima la demanda de los trabajadores indebidamente despedidos -el ERE hacía aguas sobre todo en lo formal- y cuatro horas más tarde el Consell toma la decisión más importante de la historia de la Generalitat Valenciana con un nivel de celeridad y rotundidad en el mejor de los casos criticable. No va a quedar ni la carta de ajuste...

    Se supone que hay una reunión y se emite una nota de prensa, todo ello a una velocidad impropia de la Administración y con un nivel de detalle que hace pensar que la decisión estaba ya tomada y que únicamente faltaba el detonante, la excusa. Y después de haber estudiado, mal si ha sido en cuatro horas y casi peor si ha sido en varios meses, todas las opciones, la única conclusión posible, la única solución –para el Consell- es que “només queda l'altra via que és, lamentablement, procedir a la supressió del servici públic de la ràdio i la televisió d'àmbit autonòmic”. Menudo jarro de agua fría leer esto de repente, sobre todo para quien sabe que se va de cabeza al paro, pero también para 5 millones de personas más… Al día siguiente hubo -dicen que más vale tarde que nunca- una rueda de prensa en mi opinión demagógica, porque aunque la sanidad o la educación en efecto son más importantes que la televisión o la radio, si hacemos la misma reflexión sobre todos los servicios no dejaríamos ni uno salvo quizá la asistencia sanitaria básica. El servicio público es deficitario por naturaleza, qué le vamos a hacer. La gracia es gestionarlo de la mejor manera posible para minimizar esa tendencia. En definitiva un muy dudoso fondo apoyado en unas formas aún peores. En Grecia, un país que destaca por sus altos niveles de corrupción y su mala gestión pública, pasó exactamente lo mismo hace unos meses. Mal espejo donde mirarse.

    Y tras el anuncio de cierre la reacción de los trabajadores de RTVV, y también de la sociedad valenciana, y española. En las redes sociales, en la calle, y sobre todo en la propia televisión y radio. Sintiéndose por primera vez independientes, los empleados han seguido haciendo televisión y radio, siendo reivindicativos pero profesionales, trabajando como nunca en los peores momentos al mismo tiempo que intentaban recuperar su tele, su radio, su trabajo, su vida (y de la muchos otros). #RTVVnoestanca ha sido un grito unánime estos días. Aplaudo la lección de profesionalidad, compañerismo, madurez, lucha y ética que los empleados del ente han mostrado tras el anuncio, eso sí, y todo hay que decirlo, alguno tan paniaguado como los directivos de antaño, por lo que me han parecido extraños en su papel reivindicativo. Bueno, más vale abrir los ojos tarde que seguir en la penumbra... El caso es que la audiencia se triplicó del martes al jueves de la semana pasada. Al final, y para evitar el “desmadre”, otro rápido acto administrativo, en este caso un Decreto Ley del Consell, corta por lo sano –por segunda vez en tres días- esta pequeña rebelión, con el loable objetivo de “reestablecer el correcto funcionamiento del servicio público” y porque los trabajadores 'no han respetado desde el miércoles las condiciones del contrato-programa'. Supongo que no. 

    Es cierto, insisto, que la televisión y la radio son servicios públicos menos importantes para la sociedad que tener una salud pública (?) y una educación de calidad (?). En términos estrictos así es, pero si analizamos el verdadero alcance del servicio que un medio público presta a la sociedad nos hallamos ante un servicio público de primer nivel, transversal, ya que además del servicio que en sí mismo es y representa, también difunde y fomenta muchos otros: la cultura y la lengua valenciana, la educación (de jóvenes y adultos), el deporte, el empleo, los hábitos saludables, la ciencia… Y por supuesto la información y el entretenimiento. Que nadie se ofenda, pero las privadas ni remotamente cumplen tales funciones. Por otra parte hay otras televisiones públicas, pero no son valencianas. 

     

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