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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 29
    Mayo
    2012

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    El fin y el fin del urbanismo

    No, no es que me repita. Me explicaré en dos apartados:

    1) El fin (o finalidad) del urbanismo. Se puede comprender fácilmente recordando lo que ha ocurrido hasta hace pocos años…

    Un labrador que, seguramente con motivo, estaba harto de trabajar sus tierras solicitaba una audiencia con el Sr. Alcalde el cual, debidamente convencido, decidía reclasificar (que no recalificar) los terrenos del paisano, que pasarían de ser “suelo no urbanizable” a “suelo urbanizable”. Esa reclasificación era el punto de inflexión a partir del cual se desataban las pasiones. Tal decisión municipal, prácticamente discrecional, era relativamente legal. Las que no lo eran, desde luego, eran esas otras reclasificaciones, las de “suelo no urbanizable protegido” a “suelo urbanizable”, por las que a la postre se han ganado millones de euros a costa de la existencia de millones de árboles y ardillas. No, no exagero.

    Prosigo: una vez el suelo era urbanizable también era apto, como su propio nombre indica, para ser urbanizado. Pues eso se hacía. Al propietario inicial, uno de los que en realidad menos ganaba, pobrecito, en ocasiones se le expropiaba (eso sí, con un valor muy superior al que tenía su “patatal”) o bien se le compraba, tanto da. A veces los propietarios eran varios y no se les compraban los terrenos, sino que se les mantenía en su condición de propietarios previa entrega de los terrenos objeto de cesión obligatoria, a fin de ser reparcelados. De una u otra forma los terrenos pasaban a disposición del Ayuntamiento, quien podía gestionar la actuación de forma directa o indirecta. Normalmente optaba por lo segundo y es aquí cuando aparecía esa figura siniestra llamada “urbanizador”. Este sí que se forraba.

    El urbanizador urbanizaba. La urbanización la sufragaban básicamente los propietarios afectados por la actuación, mediante las llamadas cuotas de urbanización (por cierto, excelente trabajo al respecto el de MARTÍN CANO, al que agradezco enormemente que me cite dentro del mismo como doctrina y bibliografía).

    Una vez se terminaba la urbanización se procedía a la edificación, la cual, per se, podía ser llevada a cabo por el propio urbanizador, o bien por otro sujeto llamado empresario constructor, y que tampoco se iba descalzo… Yendo por tanto al fin-finalidad de este urbanismo oscuro que se ha practicado, podemos afirmar que el objetivo no era otro que el enriquecimiento personal de algunos empresarios y, no nos hagamos los locos, también de algunos políticos municipales comisionados. Dicho queda.

    En definitiva este sistema se basaba en la demanda de vivienda, piedra angular de un mercado ficticio de vacas gordas alimentadas por los bancos. Todo esto se ha ido al garete, y pasamos a 2)

    2) El fin (o final/finalización) del urbanismo. Se puede explicar sin problemas describiendo lo que está pasando en este preciso instante (y desde tres años atrás).

    De repente los bancos destapan el farol. No dan crédito a los urbanizadores, ni a los constructores, ni por supuesto a los compradores de vivienda. La oferta pasa a superar con mucho la demanda. El sistema no se retroalimenta y el dinero esperado para amortizar el dinero invertido no llega. Todo se paraliza. El ladrillo no vale nada y se ha perdido una gran oportunidad de invertir en productividad mientras había movimiento de capitales.

    Un desastre.

    Se paraliza casi por completo el urbanismo municipal, quiebran las empresas constructoras, bajan los precios de las viviendas para adaptarse al mercado (asumiendo terribles pérdidas), aumenta la demanda de vivienda en alquiler… La única que parece que no pierde (ya que pierde pero la rescatan) es la Banca (podría entenderse "la Bankia"). La Banca gana!, dicen en los casinos… Sí, siempre gana. Pero cuando alguien gana otros pierden.

    Y paradójicamente, se está volviendo al campo (empezamos el artículo en un campo)… Bueno, no está mal. Allí al menos hay trabajo.

     

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