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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 11
    Mayo
    2014

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    Fuga y robo de talentos

    Que el talento es un bien escaso es algo que todos saben. No obstante, si hablamos de “fuga” y “robo” de talentos tratamos dos fenómenos de rabiosa actualidad que sin embargo pasan un tanto desapercibidos. Hoy los pondremos encima de la mesa. 

    Abordaremos la cuestión desde el ámbito territorial de España, pero la reflexión podría hacerse extensiva prácticamente a todo el mundo. Uno de estos dos problemas, el de “la fuga”, es sin embargo un asunto particularmente nuestro. Empecemos por él. La campaña electoral, en este caso de las Europeas 2014, es tan buen momento como otro para percatarse del bajo nivel de nuestros políticos y de las personas que les rodean. No hablaremos hoy de nivel moral, pues de corrupción sí que se habla con frecuencia y pueden leer ustedes otros artículos. Hablaremos de perfil intelectual/académico. Y dicho perfil, salvo honrosas excepciones, es bajo. Dios me libre de identificar los conceptos “persona titulada” y “persona inteligente”, pero hasta que se descubra un mejor modo de asignar los mejores puestos del Estado, éstos deberían corresponder a los, a priori, mejor preparados. En efecto, observamos en estos puestos y en el acceso a los mismos un predominio absoluto de la meritocracia sobre el mérito. Es cierto que la democracia, un sistema representativo imperfecto pero bastante bueno, permite a personas poco doctas y resolutivas ganar elecciones y formar gobiernos gracias a discursos populistas, y sobre todo a mentiras, que la ciudadanía cree a pies juntillas. Nos falta autocrítica por cierto cuando criticamos en la barra de un bar o en la redes sociales a políticos que nosotros mismos hemos puesto. También somos de un partido igual que de un equipo de fútbol, aunque esa es otra historia… 

    El caso es que los perfiles bajos acaban ocupando los puestos de gobierno, e inmediatamente despúés de la toma de posesión, se rodean de allegados para que a su vez ocupen los puestos directivos anexos. Este segundo grupo de personas son más afines que eficientes, más amigos de quien les nombra que de la legalidad. Esto es malo para el sistema, porque este está concebido para que el que manda y quienes le rodean puedan gestionar impunemente en pos de sus intereses particulares y en detrimento de los intereses generales. No digo nada que no haya sido probado mil veces, y así estamos ahora... Si hablamos de la administración española, pocas figuras directivas existen en el citado sistema que sean totalmente independientes, siendo una rara avis en este sentido el colectivo de secretarios, interventores y tesoreros municipales. 

    Un poco de lo mismo, aunque en menor grado, ocurre en el sector privado (bancos, grandes empresas…). Y la conclusión es que en España, si usted es talentoso pero no tiene familia o contactos influyentes, o se introdujo en las juventudes de un partido desde pequeñito, lo más normal es que no se coma una rosca en el mercado laboral digamos de alto perfil. Esto es así. La triste alternativa es aceptar un empleo mal retribuido al servicio de un botarate de medio pelo (realizando unas tareas para las que se está sobretitulado) o bien aprender un idioma y emigrar al extranjero en busca de un trabajo adecuado a su preparación. USA y Alemania, entre otros, disfrutan de nuestros cerebros más preclaros, para beneficio de su economía y su ciencia, ese el precio que paga el país que no sabe retener su talento. Si usted no quiere emigrar hay una tercera posibilidad, claro, que es permanecer en el paro sine die. No parece muy buena opción.

    Aquí enlazamos con la segunda cuestión, porque si se trabaja para el botarate lo más probable es que este se aproveche del talento ajeno, una de las pocas habilidades de este tipo de mediocres-elevados. Dicho sea con tanta admiración como repulsa, porque se trata de una habilidad muy práctica. Hablamos de lo que coloquialmente se denomina “ponerse las medallas”. Las medallas, el dinero y el prestigio. Y sin tener ni idea. Reconozcan que no está exento de mérito. 

    Dejando a un lado el mundo laboral, vemos como la sociedad en general también es bastante carterista del mérito ajeno. No hay más que ver Twitter, donde quien más quien menos osa autoatribuirse una frase genial de Gabriel García Márquez o de Isaac Asimov para parecer muy sabio e inteligente, y ganar popularidad. Pero eso está muy mal porque supone un doble robo. Por un lado, desde una óptica legal, el de los derechos de autor. Por otro, desde el punto de vista moral, supone la ruindad de saberse pobre de cultura e ideas, pero lejos de aceptarlo y tener un comportamiento humilde, se intenta pasar por justo todo lo contrario, engañando a la gente que puede “picar” y sufrir las consecuencias negativas de haber sobrevalorado al tonto que parece listo o, casi peor, al malo que parece bueno. Este es un modus actuandi más frecuente de lo que parece. Y quien dice Twitter dice cualquier otra red social o medio de comunicación, sobre todo on line. Todo se copia, y no se cita la fuente. Todos los días en la red se roban millones de ideas, desde la propiedad intelectual hasta la industrial, pasando por simples ocurrencias. Cuidado si tienen un blog literario porque un día otro autor puede publicar sus poesías. Y hablando de escritores: no diremos nombres pero más de uno/a parece que tiene Wikipedia como fuente principal de sus escritos. Y claro: con “copiar y pegar” salen 300 páginas muy rápido. 

    En resumen: que entre el talento que se fuga y el que se roba nos hemos quedado sin personas brillantes (de las de verdad, no de las que lo parecen). La única solución que se me ocurre a este problema es buscar el talento en bruto, en el origen, y por primera vez fomentarlo, reconocerlo y premiarlo en lugar de coartarlo, castigarlo o usurparlo.

     

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