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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 22
    Diciembre
    2015

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    Política gestión pública

    Menos política y más gestión

    Los resultados electorales son los que son. Se habla mucho de la necesidad de constituir un "gobierno estable", de "gobernabilidad", y personalmente estoy de acuerdo siempre que no se confunda estabilidad con esa situación, normalmente derivada de la mayoría absoluta, en la que un gobierno "apisonadora" pasa por la legislatura como el caballo de Atila, Othar: con paso firme y resuelto, si bien de él se decía que por donde pasaba no volvía a crecer la hierba. Mejor es más consenso, y si puede ser llegando a pactos de Estado y acuerdos unánimes. Nada malo tiene, pues, una "minoría estable", pero apuntalada (e incluso reforzada) por otro de esos clichés políticos como es el "sentido de Estado" (nos gusta más la expresión "lealtad institucional), algo que ya en esta fase de pre-pactos vemos que comienza a brillar por su ausencia. 

    ¿Por qué no nos ponemos de acuerdo en lo esencial para después debatir sobre los matices? Alguien pensará, o dirá, que ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en lo esencial... Pues mal asunto si esto fuera así. ¿Y qué es lo esencial? Entiendo, por ejemplo, que ningún partido está a favor de la corrupción, y que por tanto, obvio, todos están en contra. Lleguen pues a grandes pactos anticorrupción y cuando un par de estos grandes acuerdos se hayan suscrito por parte de todas las fuerzas políticas, sin medias tintas ni complejos, quizá queden encarrilados posibles pactos de gobierno, o al menos de investidura.

    Precisamente hace poco lanzamos una serie de PROPUESTAS ELECTORALES A LOS PARTIDOS POLÍTICOS PARA PREVENIR Y COMBATIR LA CORRUPCIÓN POLÍTICA E INSTITUCIONAL (elaboradas por TI-España y por treinta y cuatro miembros pertenecientes a muy diversas instituciones, incluida COSITAL). ¿Saben qué actividad pública es un foco de corruptelas? Seguro que han acertado: la contratación. El listado de malas prácticas en la gestión contractual pública no tiene fin: fraccionamientos ilegales, modificados también ilegales, "negociados sin negociación”, criterios de adjudicación subjetivos, tramitación del expediente sin previo informe de necesidad, y sobre todo un claro abuso de la contratación menor (adjudicación directa cuando el importe del contrato no supera unos elevados umbrales legales), lo cual nos llevó a proponer el siguiente texto:

    “Minoración de los umbrales de la contratación menor por debajo de los límites legales, estableciendo su licitación obligatoria a partir de 1.000 euros, a fin de aumentar la transparencia y la eficiencia de la contratación pública y disminuir el recurso a la adjudicación directa”.

    Debe haber puntos de partidas irrenunciables, como este. Otro ejemplo: los partidos tienen el estigma sempiterno de las "derechas" y las "izquierdas". Este condicionante yo lo he visto, y vivido, en el ámbito de la gestión de otro nivel importante de gobierno, como es el municipal, en el que muchas veces se identifica gestión indirecta con "privatización", fórmula muy capitalista y por tanto alejada de planteamientos progresistas. A veces me pregunto si alguien ha caído que los términos "progresista" y "progreso" tienen una raíz etimológica común que además es tremendamente evidentente. Progreso significa, entre otras cosas, no caer en los viejos errores. Es obligación de un gobierno gestionar los asuntos y servicios públicos de una manera eficaz y eficiente, y la verdad es que en un escenario de crisis no parece que cargar todos los servicios sobre las espaldas del erario público sea la solución más idónea. Al menos no en todos los casos. "De derechas", pensarán algunos.

    Pero si nos olvidamos por un instante de la política y nos centramos en parámetros objetivos como la ley o el presupuesto disponible, se despliega un abanico de posibilidades dentro del cual, si se demuestra su mayor eficiencia y sostenibilidad, podríamos decantarnos del mismo modo por una concesión de obra pública que, por ejemplo, por la constitución de una sociedad mercantil de íntegramente capital público (siempre que en este último caso no se “huya” del Derecho Administrativo). En este sentido, en nuestra opinión se avanza hacia la llamada colaboración público-privada. Ni que decir tiene, que en un contexto de activación del Open Government, debe crecer en importancia y puede (y esperamos) que un día tenga mucha fuerza la colaboración pública-ciudadana. La tercera pata del taburete sería la colaboración público-pública, a través de convenios interadministativos y otras fórmulas, en este caso mucho más consolidada. Como dijimos en su momento:

    (…) la sociedad actual está organizada en base a cuatro actores básicos de las políticas públicas y la actividad de servicio público/servicio económico: Agentes públicos, empresas privadas (multinacionales y PYMES), entidades bancarias y ciudadanos. Estos actores están relacionados entre sí a través de diversos mecanismos, si bien en el presente y de cara al futuro destacan tres: eGovernment, eProcurement, y colaboración público privada, en el sentido más amplio posible en relación a proyectos que agrupen a algunos e incluso todos los actores citados anteriormente.

    Pues en esto consite gobernar hoy en día. En organizar, en dialogar, en gestionar... Todo desde la legalidad y la ética. En definitiva, pactos sí, todos los que quieran (no solo entre partidos sino también con todos los actores públicos mencionados)... Y en su defecto, ninguno, porque una oposición "leal" debería votar en conciencia lo que crea mejor para el interés general, y no "mejor para sus intereses políticos", lo cual representaría muchos más votos a favor, o al menos abstenciones, en las sesiones plenarias. Siempre se pueden presentar enmiendas y un gobierno minoritario debería aceptar muchas de ellas. Esto es bueno, y muy democrático. Está muy bien que todos los grupos se sientan en parte "padres" de una Ley. En cualquier caso, lo que no debe olvidarse bajo ningún concepto, es que lo que la gente realmente quiere, lo que necesita, es que un gobierno, sea el que sea (verde, azul o rojo; conformado por un solo partido o por siete) comience a resolver los problemas de la sociedad española, que son muchos y desde luego muy complejos. Pero para eso hace falta gestión, y no tanta política, en el mal sentido de la palabra (también lo tiene bueno).

    Acabó la campaña; ahora a trabajar.

     

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