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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 17
    Julio
    2012

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    Ni idea de economía, pero más peligroso cuando el ignorante tiene poder

    Vivimos en un país en el que todo el mundo sabe de todo, o al menos se comporta como si así fuera. El problema, por supuesto, no es opinar, expresión democrática máxima en un Estado de Derecho, más sí lo es errar, encrespar, marear, insultar, confundir, y mentir, entre otras inconveniencias.

    Recuerdo que tras el primer partido de la Eurocopa que tan brillantemente ganó España, tras no pasar del empate frente a la posteriormente goleada Italia, me vino a la mente el pensamiento de que en nuestro país había 40 millones de entrenadores de fútbol: “Del Bosque no tiene ni idea, no se puede salir sin delantero. Eso del falso 9 es la peor táctica que he visto en mi vida. Vamos a perder seguro”. Algo así se pudo escuchar por doquier y leer en las redes sociales hasta la saciedad. Luego resulta que el entrenador no era tan malo, y que no había “ganado el Mundial por casualidad” como también se escuchó ese día (¿se puede ganar un Mundial por casualidad?).
     
    Pero puede ser peor, y es cuando la gente (particularmente algunas personas especialmente poco documentadas), abrumada por la situación actual y necesitada de emitir una opinión supuestamente constructiva, entra en el debate económico con las mismas ínfulas que en cuestiones futbolísticas. Ayer en el gimnasio escuché asiladamente: “El problema es que hemos abusado del Estado de Bienestar”, reflexión extrañamente certera como titular de prensa y a falta de matices. Luego miré al sujeto y, Dios me libre de prejuzgar, no era un chico con tatuajes, sino un tatuaje con chico. Baja estatura, cabeza rapada, hipertrofia muscular en el tren superior, poca o ninguna frente y piernas muy delgadas sobre todo en relación a su caja, algo que nunca he entendido en un supuesto deportista.
     
    Explicaba esto a otro sujeto, de aspecto ligeramente más intelectual, quien, haciendo gala de una meritoria honestidad, le preguntó: “¿Qué es Estado de Bienestar?”. La subsiguiente contestación merece ser saboreada con calma:
     
    -“Bienestar” es “estar bien”. O sea, que hemos estado demasiado bien y por eso ahora estamos mal.
     
    Impresionante (y no exento de razón). José Mota lo habría explicado exactamente igual (José Mota en su faceta de humorista, claro está, que luego el tipo es francamente inteligente). Y hablando del genial humorista manchego,  recuerdo un sketch en el que hacía de Zapatero estudiando el Presupuesto General del Estado ante una especie de mini-corral (que no “corralito”), tomando como premisa el criterio técnico de “las gallinas que entran por las que salen.
     
    Y no solo el chico del gimnasio (cariñosamente “el poligonero”) y ZP, sino también, y para no ser menos, el actual gobierno estatal, gestiona la crisis a base de medidas puntuales “de impacto”, dentro del más estricto cortoplacismo económico y de la estética presupuestaria. Aumentar los ingresos y reducir los gastos. Brillante. Vamos, que ni a un niño de 8 años se le hubiera ocurrido.
     
    Pero preocupa observar que en España no hay planes a largo plazo, ni pactos de Estado ante situaciones críticas comunes, ni “sentido de Estado” por parte de algunos partidos que, nacionalistas o no, están en el Congreso de los Diputados español (y cobran de él), ni ética política, ni inteligencia en la gestión. La situación actual requiere una reforma estructural del sistema productivo, y no retales que son pan para hoy y hambre, literalmente, para mañana. Si me bajan el sueldo y me suben los impuestos me voy a gastar menos dinero en El Corte Inglés, y así no “muevo la economía”. De cajón. Si de todas formas dentro de tres años cuadran las cuentas el español medio (no solo el del gimnasio, sino también el estrato superior), normalmente frágil en su memoria, no impondrá castigo electoral alguno. En cuanto a la subida del IVA se le puede echar la culpa a Europa (esto es muy recurrente ahora), pero por un lado no es la misma nómina media la del español que la del alemán, por lo que no debería soportar la misma carga impositiva, y por otro si de verdad los Estados no pintan nada que se diga de una vez. Y en parte es cierto, ya que en su momento (no ahora) cedimos una parte importante de nuestra soberanía, pero eso no significa que el Real Decreto Ley de impacto de todos los viernes venga de Europa. Viene de Madrid, se lo aseguro.
     
    No observamos una gestión política demasiado moderna, la verdad. En la Edad Media ya se subían los impuestos cuando el Rey necesitaba más dinero para hacer la guerra. Y en la Edad Media también se quemaban supuestas brujas a las que culpaban de la lepra y en general de todos los males, exactamente igual que se está haciendo ahora con los funcionarios.
     
    La gente se posiciona a favor y en contra de todas estas decisiones, vehementemente, según “colores” y afinidades. Nunca he presenciado tantos debates políticos o económicos a nivel de “barra de bar” (o de gimnasio, como en el ejemplo). Parece que el tema ahora interesa. Antes no, porque nos iba bastante bien. Ahora es cuando nos indigna por primera vez que un concejal se vaya de “putos” con dinero público o que un exjugador de balonmano cobre 500.000 euros por una conferencia de media hora cuyo texto ha sacado de Wikipedia.
     
    Y de la barra del bar a las redes sociales, en las que personas supuestamente afines (o que se hacen las afines) se vienen arriba suscribiendo recíprocamente su discurso la mayoría de las veces erróneo, parcial, desinformado o demagógico. Es curioso que en la era de la información la gente esté tan desinformada. No creo que sea bueno reforzar la propia visión de la realidad sin haber “ido y vuelto” tras conocer otras opiniones. No es el momento de hacerse radical. Ni de defender a PP o PSOE en decisiones, declaraciones o actitudes (personales o de partido) indefendibles. Seamos críticos hasta con “los nuestros”, pues que yo sepa ninguno nos da de comer. Yo puedo ser indulgente con un familiar o amigo, pero con políticos, banqueros y especuladores, francamente, no me apetece nada.
     
    In fine: No se observan excesivas diferencias entre la gestión política que haría el poligonero, la que hizo ZP, o la que está haciendo RJ. En general subyace bastante ignorancia en el tema económico (yo el primero, para que no se diga, a pesar de mi particular diccionario de términos económicos), pero diríase que es mucho más peligrosa cuando la esgrimen los que tienen el poder de tomar decisiones. Empiezo a estar un poco harto del bipartidismo.

     

     

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