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Víctor Almonacid Lamelas

Secretario de Ayuntamiento (a mucha honra). Jurista docente, ponente, y escritor (que no “escribiente”). Deportista. Semiexperto en algunas cosas (Derecho público, gestión municipal, administración electrónica…) y aprendiz de todo lo demás. Analista sociopolítico independiente.

Sobre este blog de Nacional

Este es un espacio web donde regularmente comentamos nuestras impresiones sobre Derecho, política, economía, Administración, sociedad, cultura y deporte, siempre desde el punto de vista constructivo de los que tenemos la buena voluntad (con más o menos acierto) de mejorar las cosas. TW @nuevadmon


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  • 06
    Junio
    2012

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    Por desgracia tienen razón

    Sé que esta entrada va a resultar un tanto impopular, y sé que es complicado hacer autocrítica en momentos tan duros, pero tenemos que empezar a entonar el mea culpa y reconocer que nosotros, los ciudadanos de a pie, no solo somos las víctimas sino también, en parte, los responsables de la crisis.

    Cuando decimos «en parte» queremos decir «en parte», que luego no se malinterprete. Las pésimas gestiones políticas, la corrupción urbanística y los abusos bancarios se llevan sin duda el mayor porcentaje de la culpa, pero dicho porcentaje, honestamente, no llega al 100%. Al margen de los fallos del sistema (y de las personas que lo dirigen), es muy posible que los demás hayamos permanecido un poco estupefactos mientras todo se desmoronaba. Nos ha faltado previsión, capacidad de reacción, inteligencia y actividad. Nos ha faltado «garra», así de claro. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, «mamando de la teta» tal que los Eloi en el maravilloso libro The Time Machine, de H.G.Wells.

    En efecto, la «promoción de la ciencia» como motor para salir de la crisis centra la declaración institucional que dieron a conocer los jurados de los Premios Rey Jaime I de investigación minutos antes de comenzar las deliberaciones sobre los galardonados de la edición de 2012, realizadas en dependencias de Capitanía General en Valencia.

    Los jurados, entre ellos 22 premios Nobel, advirtieron de que «una de las raíces de la crisis económica actual» se ha debido a la actitud de «negligencia» de la sociedad en general a la hora de realizar «el sacrificio personal».
     
    El manifiesto muestra «la preocupación por el apoyo a la ciencia, especialmente a la española, y por el creciente desinterés por la cultura de esfuerzo» señala el texto en el que se subraya «la importancia de la formación para el desarrollo económico y el bienestar social» por lo que se «necesita promover la ciencia y el sacrificio personal».
     
    En opinión de estos jurados — constituidos por exministros, premiso Nobel, economistas, empresarios y universitarios— es «necesario apostar por la inversión en investigación, desarrollo e innovación y un mayor reconocimiento a la ética, al emprendedurismo y al valor del esfuerzo y la responsablidad».
     
    Por su parte, el presidente ejecutivo de la Fundación Rey Jaime I, el profesor Santiago Grisolía, amplió, en una rueda de prensa posterior a la lectura del manifiesto, que la negligencia a la que se refieren es atribuida a «la sociedad entera, a todos» porque «ha habido una especie de vagancia: la gente se ha puesto grandes sueldos, se han utilizado los bancos de mala manera y se ha dado una falta de control del dinero por las entidades que no se entiende. No se por qué se les da tanto dinero. A ellos, como todo, si funcionan bien, bien, y si no que sufran las consecuencias. Ha sido como una especie de infección en la que todo el mundo ha intentado conseguir todo lo que ha podido y con el menor esfuerzo». En su opinión, para salir de «todo esto, que saldremos, es necesario que todos trabajemos y ayudemos. No puedes esperar a que alguien venga con un milagro. Se necesita crear y trabajar, no solo ahorrar. Ahorrando solo no es suficiente; claro que hay que ahorrar dinero pero también gastar y producir nuevas cosas».
     Los integrantes de los jurados de los Premios Rey Jaime I se reunieron ayer en el antiguo Convento de Santo Domingo en Valencia, sede de Capitanía, para deliberar.
    Sin tapujos, Grisolía calificó de «horrible» los recortes en educación y en sanidad. «Si los bancos tienen que desaparecer, que lo hagan, pero no la sanidad y la educación. Si te recortan en investigación es terrible porque si estás fuera de la ciencia seis meses, olvídate ya que la competencia es muy grande». (fuentes: Levante EMV y Expansión).
     
    Y luego está lo que dijo Juan Roig, sin duda una crítica colectiva: «O pegamos un cambio y somos conscientes de que estamos por arriba de nuestro nivel de productividad o nos van a intervenir, esto se cumple por la ley de gravedad o por su propio peso, por cualquiera de las dos cosas, pero que va a pasar… Nos hemos pasado como país treinta pueblos, incluidos los sindicatos, los empresarios, los bancos, los políticos, todo el país… Creo que si no cambiamos, si no damos un cambio todos los españoles, nos van a intervenir… Creemos que es una cosa que viene del mercado internacional, que nos atacan a los españoles, lo que nos falta es ponernos las pilas y ponernos a trabajar» (fuente: Levante EMV).
     
    Sé que puede resultar molesto para quien lo está pasando mal «recibir lecciones» de alguien que tiene tantísimo dinero como el empresario valenciano, pero pocos pueden dudar de que es un hombre inteligente y trabajador, en grandísima medida responsable de su éxito (al menos económico-profesional) en la vida, y que por tanto puede dar consejos sobre cómo superarse a sí mismo o cómo superar la crisis. Yo se los acepto. Su lema, ya mencionado ut supra, es el de «la cultura del esfuerzo». A mí me gusta.
     
    En consecuencia opino que los Premios Nobel, Santiago Grisolía y Juan Roig, por desgracia, tienen razón.
     
    Es psicológicamente comprensible quejarse de los problemas, pero debemos ser parte de la solución. No confío en el Gobierno estatal, ni en Europa, ni en Alemania, ni en los Bancos, ni en las grandes empresas, para sacarnos de la crisis… ¿usted sí? Si la respuesta es «sí» puede seguir tranquilo en su sofá. Si la respuesta es «no» le doy un consejo: muévase.

     

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