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  • 15
    Febrero
    2016

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    Batalla política en la Corte Suprema

     

    Al reñido duelo entre Hillary y Bernie Sanders y a la batalla de “todos contra Trump” librada por el GOP, sólo le faltaba el lío político-judicial provocado por la muerte repentina el pasado sábado en Texas, por un ataque al corazón, del juez conservador Antonin Scalia, de 79 años. Scalia deja una vacante en el Tribunal Supremo que Obama quiere cubrir con un magistrado de perfil progresista. El nombre de Srikanth Srinivasan, de origen indio, toma fuerza, ya que su perfil moderado podría lograr el imprescindible respaldo de los conservadores, mayoritarios en el Senado.

    Srinivasan, un inmigrante de 48 años, ya fue nominado anteriormente por Obama en dos ocasiones para ser juez en la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia, en Washington. Fue en mayo de 2013 cuando el Senado lo ratificó tras una contundente votación de 97-0.

    Ahora no resultará tan fácil. La mayoría liderada por Mitch McConnell quiere aplicar la “Thurmond Rule” y dejar el sillón libre hasta la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca, dentro de un año. En el verano de 1968 el senador Strom Thurmond se opuso a la propuesta del presidente Lyndon B. Jhonson para llevar a Abe Fortas a la Corte. En el Senado un solo congresista puede paralizar cualquier propuesta. Thurmond se salió con la suya y marcó un precedente.

    El difunto Scalia, provocador como ninguno, nombrado por Ronald Reagan en 1986, era el juez conservador por excelencia: anti-aborto, contrario al matrimonio homosexual y a la reforma nacional del sistema de salud para extender la atención médica. Obama no se rinde y asegura que cumplirá con sus responsabilidades constitucionales. Hasta la muerte de Scalia, la Corte con nueve miembros con carácter vitalicio, contaba con cinco conservadores y cuatro liberales. La entrada de un afín a los demócratas les daría mayoría para aprobar en los once meses que quedan de legislatura polémicas leyes, como las relativas a los emigrantes.

    Así que la idea de un dominio de los liberales en la máxima instancia judicial del país polariza más aún la actual campaña electoral para las presidenciales. Obama ya nombró dos jueces liberales en la Corte. La designación de un tercero lo transformaría en el presidente que más ha intervenido en el Poder Judicial desde Reagan. Así que, el presidente podría decantarse por un juez centrista, a fin de convencer al Senado. Necesitaría el apoyo de cuatro senadores republicanos, si contase con el voto de los 44 demócratas de la cámara y de los dos independientes.

    El aparato electoral de la campaña de Hillary pide a los americanos que expresen su oposición a las intenciones de los Republicanos. A decir verdad, a Trump el asunto no le preocupa demasiado. El magnate, aminado por las encuestas, se prepara para “tomar” Carolina del Sur en las primarias del próximo sábado. La Corte Suprema puede esperar.

     

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