Blog 
Mirada Exterior
RSS - Blog de María José Iglesias

Archivo

  • 23
    Febrero
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Maduro, en su Pantano de Vargas

     

    Nadie con el mínimo sentido común se imaginaría a Mariano Rajoy ordenando la detención de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, acusada de presuntas conspiraciones golpistas. Lo que en España se presupone una barbaridad en Venezuela ocurre con normalidad, igual que en Cuba, China, Corea del Norte, Arabia Saudí, Irán y en general en todos aquellos estados sometidos a dictaduras disfrazadas de populismo y autoritarismo paternalista.

    El arresto del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, el pasado jueves, con violencia y por la fuerza, muestra la desesperada huída hacia adelante emprendida por el gobierno bolivariano de Venezuela. El régimen liderado por Nicolás Maduro, denominado irónicamente “Maburro”, por quienes desprecian sus formas, acusa a Ledezma de conspirar para derrocar al presidente, enredado en una inmensa madeja de problemas. Entre ellos sobresale la ausencia de bienes básicos en los supermercados y un paupérrimo índice de popularidad que casi toca el rico subsuelo petrolero venezolano.

    A Ledezma le han llevado a “Las Tumbas”, celdas a cinco pisos bajo tierra, con ventilación mecánica, donde se calcula que habitan casi un centenar de presos políticos, entre ellos estudiantes que tienen la mala costumbre de protestar, como lo hicieron en su día los indignados españoles. Cómo serán esos nichos caraqueños para vivos, que al ex presidente de Colombia, Andrés Pastrana y al chileno, de origen asturiano, Sebastián Piñera, no les dejaron acceder al recinto para visitar a Leopoldo López, el líder de la oposición, que lleva un año encerrado.

    Maduro, como en su día el visionario Chávez, e igual que Fídel Castro Ruz hizo en tantas ocasiones, denuncia complots para desviar la atención de una gestión desastrosa que ha convertido al país caribeño en el más empobrecido de América, junto con Haití.

    El mandatario comunista ni está loco, ni sufre de paranoia. Es plenamente consciente de que la opinión pública internacional se le revuelve y que las acciones de los opositores radicados en Estados Unidos, calan en una sociedad que denuncia el nulo respeto a las libertades individuales enarbolado por la pseudo democracia consagrada por el “Gorila Rojo”, al que Dios tenga en su gloria. Cuando un régimen político recurre a la fuerza algo falla. Hoy, la radicalización del chavismo, lo que son las cosas, camina pareja al amansamiento del castrismo que un día lo inspiró y alimentó.

    Y mientras el mundo entero se entretiene hablando del caso Ledezma Venezuela vive una trágica situación financiera, atemperada por haberse salvado de entrar en default el próximo mes de marzo, a costa de hipotecar, más aún, su refinería estadounidense, Citgo, y vender, a precio de saldo, obligaciones contraídas por la República Dominicana. Las operaciones reportan 4.700 millones de dólares a las arcas de Caracas, capital del país percibido como el menos fiable del mundo para invertir.

    La existencia de presos políticos es incompatible con la democracia. Hasta la eurodiputada y secretaria de Rescate Ciudadano del Consejo de Coordinación de Podemos, la asturiana Tania González, cuestiona la detención y asegura que a su formación, tan ligada a la ideología bolivariana, no le gusta que se detenga a alcaldes ni cargos políticos “en ningún país ni en ningún lugar del mundo”. Maduro no se da por aludido. Va directo hacia el caos. Mucho peor que Bolívar en el Pantano de Vargas.

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook