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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 29
    Septiembre
    2014

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    'La isla mínima' - A secas

     

    Una de las mejores películas del año. Tal cual. Urge decirlo y conviene apuntarlo sin maquillarlo con el apunte sobre su nacionalidad, 'La isla mínima' es uno de los thrillers más completos, absorventes y perturbadores que se han proyectado en una sala de cine en 2014. En cualquier parte del mundo. Y, además, es española. Mucho. Es tan española que, además, no podría ser de ninguna otra parte. Alberto Rodríguez alcanza su cima como director con una historia desarrollada en una España profunda en la que las cicatrices escuecen en forma de preguntas sin respuestas, consecuencias históricas que marcan un país y a sus habitantes hasta el punto de convertir un pueblo perdido de Andalucía en un universo propio repleto de oscuridad al que llegan dos policias que, sin dejar de buscarse, hace tiempo que se han dado por perdidos. Dos chicas desaparecidas, un misterio, sospechosos, mentiras, suciedad, belleza, sangre, lluvia y miradas que esconden las llaves del tesoro más preciado, el de esas respuestas a las que, probablemente, nunca lleguemos. Puede parecer sencillo en la teoría pero, en la práctica, nada de nada. Tenemos miles de ejemplos que llenan nuestra cartelera para comprobarlo. 

    'La isla mínima' es un logro total, uno de esos casos en los que todo funciona a la perfección, desde unos títulos iniciales arrebatadores, de una belleza abrumadora, hasta el último portazo. Fin de la historia. O principio. Al frente, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez con dos portentosas interpretaciones a la altura de la dirección de Rodríguez, brillante, sin fisuras, de un control del detalle y una pasión contagiosas. Una película que se suda, se sufre, se vive, se bebe, se analiza y, horas después, se instala en las entrañas gracias a alguna de las escenas más arrebatadoras que se recuerdan por estos lares. Cuidado, ya dijimos que no caeríamos en la especificación, justificación o reivindicación del país de origen. Porque no toca comparar, ni decir que 'sí, se puede', ni destacar influencias que todos, absolutamente todos, tienen, vengan del lugar que vengan. Aquí tenemos un trabajo de personalidad tan arrolladora que, además de aguantar todo tipo de comparaciones, que vienen y vendrán, puede mirar a la cara a cualquier ejercicio del género que se lo proponga. 

     

    Con un guión modélico, ejemplar, ayudado por una soberbia labor de fotografía por parte de Alex Catalán, 'La isla mínima' consigue fundir en apenas 105 minutos todas las virtudes del género. Tiene ritmo, atmósfera, tensión, drama, sorpresas y, por encima de todo, la capacidad de conseguir imágenes memorables en medio de la suciedad, el olor a barro, la ginebra servida en vaso sucio. Capta las esencias, explota los conflictos, maneja el misterio con inteligencia, sin trampas ni cartón, con la seguridad de dar forma a una mano de cartas que se irán descubriendo sin prisas pero sin pausa. Conviene dejarla respirar, mantenerla en la yugular, el lugar al que se dirige desde el primer minuto, asimilarla, pensarla, digerirla y, de repente, dejar que termine de estallar. La recompensa que espera bien lo merece. Será entonces cuando volvamos al principio, a esos planos aéreos que quitan el hipo y presentan un vértigo cinematográfico transformado en arte de primera clase. Ese lugar en el que todo comienza y todo termina. Ese lugar donde la certeza es inevitable. La de estar frente a un clásico contemporáneo de nuestro cine. O una de las películas más redondas de los últimos meses. A secas. 

     

     

     

     

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