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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 14
    Diciembre
    2014

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    Especial FICC 43 - 'Pride'

     

    No parece casualidad, o quizás nos guste verlo con ojos románticos, que la última película proyectada dentro de la edición número 43 del Festival Internacional de Cine de Cartagena se llamara orgullo. Pocos términos pueden definir mejor lo que una ciudad siente por una semana tan intensa, enriquecedora y familiar como la que nos hace vivir cada año el FICC. Delante, películas maravillosas, con una cosecha especialmente sobresaliente en esta ocasión, cortometrajes de apabullante calidad, oportunidades para el cine de nuestra Región, actividades que permiten que las nuevas generaciones se enamoren de un séptimo arte que, para muchos, sigue siendo el primero. Detrás, un grupo de personas incansables, que se dejan la vida, el horario, las mañanas, tardes y noches, para ofrecer una programación a la altura, condenados al café y la tila durante siete días que, una vez han llegado a su fin, solamente pueden encontrar un epílogo en forma de satisfacción total. Lo que el FICC consigue no es fácil, aunque pueda parecerlo. Ver como cada año crece y crece la afluencia de espectadores, la cobertura mediática, el amor al cine, es realmente emocionante. La ovación final que se pudo escuchar tras la proyección de 'Pride', otorgada por un auditorio El Batel lleno hasta la bandera, no solamente suponía el triunfo de la estupenda película británica sino, por encima de eso, el agradecimiento sincero hacia el trabajo admirable de su directora Esther Baeza y el resto de su equipo. El tiempo nos ofrecerá la perspectiva suficiente para comprobar lo que supuso todo su esfuerzo y compromiso. Y, entonces, volveremos a aplaudir sin descanso.

     

     

    La gala de clausura, además de ofrecernos momentos antológicos como el del director David Trueba regalándole uno de sus premios Goya a Juan Carrión, profesor de origen madrileño pero vida y sentimiento cartagenero en el que se inspiró su última y maravillosa película, 'Vivir es fácil con los ojos cerrados',  terminó como tenía que terminar, con cine. Y del bueno. 'Pride' es una de esas películas británicas que consiguen, con los elementos más básicos, construir una especie de sentimiento cinematográfico global, sensaciones que pueden sentir desde mayores de 10 años a niños de 89. Una buena historia basada en hechos reales que nos cuenta la unión creada entre el colectivo de gays y lesbianas de Londres y los mineros de un pueblo perdido de Gales para plantar cara a las injusticias laborales y sociales promovidas en 1984 por Margaret Thatcher, se convierte en un canto a la revolución calmada, al derecho a la protesta por la coherencia y, por encima de todo, a la comunión entre dos mundos que terminan llevando la bandera de la igualdad con las manos entrelazadas. 

    Apoyada en un reparto cinco estrellas en el que brillan especialmente dos titanes del tamaño de Imelda Staunton y Bill Nighy, dos intérpretes con capacidad total para llenar la gran pantalla, 'Pride' consigue divertir y emocionar de la manera más natural posible, esquivando las zancadillas lacrimógenas, evitando el tono panfletario, tratando a todos y cada uno de sus personajes con sumo cariño, cediendo espacio a la reflexión sin empañar el tono familiar de la propuesta. Como si de una unión entre Ken Loach y Richard Curtis se tratara, la película transcurre con un ritmo impecable, con escenas repletas de ternura, con cantos a la libertad que ponen los pelos de punta, con abrazos que colocan el nudo en la garganta. No se trata de una obra maestra, tampoco lo prentende, sino de una historia real admirable protagonizada por personas normales convertidas, con el paso del tiempo, en héroes. Un espíritu que se podría aplicar, a la perfección, al Festival Internacional de Cine de Cartagena y a su equipo. Por eso, cuando los aplausos han terminado, queda esa sensación inexplicable llamada orgullo. 

     

     

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