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Pensamientos de José Pascual
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Blog Pensamientos de José Pascual - José Pascual Prats Besó

José Pascual Prats Besó

Nací en 1962. Soy Ingeniero Industrial superior por la Universidad Politécnica de Valencia. Disfruto enormemente de la compañía de la familia y los amigos, y soy un hombre de costumbres sencillas.

Sobre este blog de Comunitat

Espero que mis artículos aporten a los lectores algunas ideas y temas de conversación.


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  • 17
    Noviembre
    2015

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    Valencia Comunitat

    ¿Coche, moto, bicicleta o a pie?

    En nuestras congestionadas y contaminadas ciudades ya no es fácil decidir cual es la mejor forma de transportarse. Si la salud lo permite y la distancia es razonable a pie es un buen método, porque no dependes de nadie, no tienes horarios, y un paseo con el tiempo suficiente puede ser un ratito agradable para pensar si vas solo o para charlar si vas acompañado, además de beneficioso para quien lo practica.

    Cuando empezaron los automóviles hace algo más de 100 años algunos detractores los consideraban un peligro público, incluso creo recordar que en alguna parte salió una ley que decía que cuando iban por zonas habitadas debían ir a una velocidad de paso de persona y con alguien delante anunciando su paso. Hoy en día nos costaría mucho vivir sin coche, incluso en la ciudad. A mi me gustan mucho los coches, pero en general pienso que el coche propio no es el mejor medio para la ciudad, salvo en determinadas situaciones donde es claramente más apto que otros: para llevar a una persona mayor o niños pequeños, transportar carga, cuando no hay buena combinación de transporte público, etc.

    La moto es muy ágil, aunque puede ser el medio de transporte más peligroso tanto para el motorista como para los demás si no se utiliza bien.

    La bicicleta, que es un medio económico y saludable, y muy apto para la Ciudad de Valencia por lo llana que es, también se puede considerar un peligro como los coches de antaño si no se utiliza con cordura. Quien utiliza vehículos motorizados debe respetar a los ciclistas circulando con precaución y no acorralándolos, pero también es misión de los ciclistas actuar con sentido común y cumpliendo las normas.

    La idea de escribir este artículo ha venido porque hace poco tiempo en una sola tarde tuve cinco encuentros con ciclistas por el centro de Valencia, algunos de ellos con vigorosas piernas que creo que superaban los 30 Km/h que es la velocidad que se ha puesto en algunas zonas pensando en ellos. Estas fueron mis experiencias de aquel día:

    1)- Cruzaba yo por un semáforo de los que tienen el carril bici en paralelo con el paso de peatones cuando un intrépido y muy ágil ciclista que venía por la calzada, en lugar de detenerse como corresponde a su condición de vehículo con ruedas que se encuentra un semáforo en rojo, se incorporó al carril bici en un acrobático viraje pasando a escasos centímetros de mi espalda y bordeándome ceñidamente por la derecha, como si yo fuese una rotonda móvil del diámetro de mi barriga, o un cono de prácticas de conducción.

    2)- Al cabo de un ratito iba yo a cruzar un paso de cebra y un coche de la policía local paró para que yo pasara, lo correcto y reglamentario para cualquier coche, aunque es algo que suelo agradecer con una sonrisa cuando soy peatón; y de repente apareció una bicicleta a gran velocidad por detrás del coche de policía, que yo no puede ver porque éste era de cierta altura, y puede sentir en mi nariz el olor del ciclista y la ráfaga de aire que producía a su paso.

    3)- Con el corazón algo acelerado por el susto anterior, me dispongo a cruzar una calle de sentido de circulación único que suelo frecuentar, por lo que antes de cruzar, por la costumbre, miré solamente hacia el lado por donde esperaba que viniese algún vehículo. Como no venía nadie crucé, y ¡sorpresa! una bicicleta en el sentido contrario pasó a pocos milímetros de mi como una exhalación. Mi corazón alcanzó el ritmo que hubiese alcanzado si yo hubiese sido un runner con equipamiento deportivo a la última moda, pero confieso que jamás he corrido por la ciudad.

    4)- Poco después de aquello caminaba yo recuperando el resuello por una acera amplia, y me adelantó otro ciclista a velocidad de calzada que me acarició suavemente el brazo creo que con su hombro. Una caricia en el brazo puede ser muy agradable, pero la verdad, este no era el momento ni el lugar, ni la persona más adecuada. Mi corazón volvió a latir fuerte y no precisamente por excitación a causa de aquel contacto físico inesperado.

    5)- Después de la tempestad viene la calma. Aquella emocionante tarde, poco antes de tomar el autobús, cruzaba yo al final una calle de anchura media, y se detuvieron perfectamente alineados con los coches en el paso de peatones una familia compuesta por un hombre, una mujer, y un niño de unos diez años que iban en bicicleta. Crucé plácidamente intercambiando sonrisas y gestos de agradecimiento con estas personas que me alegraron la tarde de una forma insospechada para ellos. ¡Qué encanto de familia fueron aquellos desconocidos para mi!, ¡Qué ejemplo de cordura, serenidad, y sana convivencia!

    El problema en la ciudad es la coexistencia de todos los medios de transporte: carril especial para bus urbano y taxi, carril bici, semáforos que regulen bien el paso… No es fácil definir unas normas con un buen compromiso entre las necesidades de todos.

    Compartamos la calle como si de un espacio natural se tratase disfrutando todos de nuestra ciudad, del mismo modo que compartimos la playa o el monte con muchas personas que no conocemos y que no nos provocan molestia alguna, sino que con su presencia hacen que ese precioso paisaje cobre vida.

     

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