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Pensamientos de José Pascual
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Blog Pensamientos de José Pascual - José Pascual Prats Besó

José Pascual Prats Besó

Nací en 1962. Soy Ingeniero Industrial superior por la Universidad Politécnica de Valencia. Disfruto enormemente de la compañía de la familia y los amigos, y soy un hombre de costumbres sencillas.

Sobre este blog de Comunitat

Espero que mis artículos aporten a los lectores algunas ideas y temas de conversación.


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  • 07
    Noviembre
    2013

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    Sangría de autor

    Hace algunos años el gintonic era una bebida sencilla de preparar:  un vaso de tubo,  una marca de ginebra a elegir,  tónica de la que hubiera,  una rodajita de limón,  unos cubitos de hielo,  y a tomárselo tranquilamente.  Como todo en esta vida había a quien le gustaba, y tampoco era extraño oir a quien decía “No me gusta nada porque la ginebra me sabe a colonia”.

    De un tiempo a esta parte el gintonic ha adquirido un grado de sofisticación que parece que no tiene final.  Ya no solo se elige el tipo de ginebra,  sino también la tónica,  la forma del vaso o copa,  y un sinfín de aditamentos adicionales:  trozos de productos del campo,  especias, hierbas aromáticas o flores,  etc.  Es frecuente encontrar cartas de gintonic en los establecimientos de hostelería.

    Me pregunto si ahora al gintonic se le puede poner todo lo que a uno se le ocurra.  No sé si en alguna parte le pondrán un par de hojas de garrofera o unos garrofines y lo llamarán “Intensidad Mediterránea” o si alguien le añadirá unos trocitos de hueso o virutas de jamón de bellota y entonces lo llamarán “Sabores de la Dehesa”.  Es cuestión de buscar, o tal vez probar, a ver qué pasa,  pero lo cierto es que el gintonic se ha complicado mucho con ingredientes completamente ajenos a su composición básica.

    Sin embargo,  una bebida tan española como la sangría está de forma totalmente injusta considerada como una bebida vulgar,  y además no se cuida lo más mínimo ni su preparación ni su presentación.  Comparemos con el gintonic:

    • Ingredientes: “Compra el vino más barato, total, para mezclarlo…” Con el mismo criterio deberíamos preparar el gintonic con aquella ginebra incendiaria de las fiestas de cuando yo era un veinteañero “total, para mezclarla…”.
    • Recipiente de preparación y para servirlo: ¿Quién no ha tomado sangría preparada en una palangana de plástico? Creo que todos lo hemos hecho.  Imaginemos un establecimiento que tuviera preparado el gintonic en una palangana de plástico y cuando lo pedimos nos arrearan una cucharonada en un vaso también de plástico ¿Lo aceptaríamos?
    • Preparado industrial:  En cualquier supermercado se vende la sangría preparada industrialmente en envases grandes ¿Alguien tomaría un gintonic industrial de botella grande aunque llevara todos los ingredientes que le gusten?

    Y ahora yo me planteo si a la sangría, que es una bebida elaborada a partir de componentes de origen natural casi en su totalidad, no hay que darle el valor y la posición que se merece, considerándola una bebida mucho más selecta y de alta calidad.  Imaginemos que llegamos a un restaurante de playa y decimos: “¿Me puede poner una sangría con tal vino, tal gaseosa, y tales frutas?” Hay que desterrar la idea de que es una especie de sacrilegio mezclar un vino bueno. Solo una sangría preparada a partir de un buen vino podrá ser una buena sangría.

    En una sangría elaborada con esmero tendremos en cuenta estos factores:

    • Vino:  No sabrá igual una sangría de Garnacha, que de Tempanillo,  que de Bobal, o Syrah… Y también variará con la denominación de origen del vino y el año de la cosecha.  Hay que pedir sangría especificando qué vino queremos, o incluso con mezcla de vinos “Una fracción tal de reserva de este y otra de tinto joven de ese otro”.  Con la variedad de vinos que tenemos en España una carta de sangrías puede ser todo lo extensa que queramos.
    • Gaseosa:  Los más sibaritas con buena capacidad para diferenciar sabores también pueden tener preferencia por determinadas marcas.
    • Limón: Nada de preparados industriales,  hay que usar limón natural exprimido manualmente,  con el exprimidor de girar la muñeca que además proporciona a quien lo utiliza un sano ejercicio.  Nada de medios electromecánicos que puedan calentar el fruto y que pierda parte del aroma.
    • Fruta:  Atención al tamaño de los trozos y el método de corte.  Queremos que se corte con cuchillo y suavemente, sin utilizar artefactos troceadores que pueden maltratar este delicado ingrediente.  Para los más exigentes la fruta con denominación de origen:  melocotón de aquí, pera de allá, manzana de tal comarca… También es importante el tiempo de maceración en vino,  porque  no es lo mismo echar la fruta un momento antes de beberse la sangría que tenerla unas horas antes macerando en un determinado vino.  En este aspecto el estudio de la técnica para la preparación de una sangría excelente no tiene límites.
    • Recipientes de preparación:  Nada de palanganas de plástico. Si se hace en casa hay que poner en uso la sopera de la lista de boda que lleva años encerrada en la vitrina por si se rompe ¡Demos una nueva vida a ese objeto tan bello que tenemos! Si es en hostelería se utilizarán recipientes de buenos materiales,  tales como vidrio, loza, porcelana, o acero inoxidable.
    • Vaso: Un vaso o copa de cristal con la anchura adecuada para el buen disfrute de los aromas y que los trozos de fruta naveguen felizmente en el sabroso líquido.
    • Toque personal: En la sangría también  es posible complementar con especias que le den matices, utilizar un determinado tipo de azúcar, pequeñas cantidades de algún licor, etc.  Aquí también puede haber auténtica finura gastronómica buscando una adecuada combinación de esos complementos.
    • Hábitos de consumo: ¿Por qué no tomar una buena sangría por ejemplo a media tarde? Puede ser muy agradable estar con la familia o los amigos e ir llenando los vasos de la jarra del centro de la mesa durante una animada tertulia. ¿Y por qué no incluso de postre? A fin de cuentas tiene fruta,  que es un postre habitual.  Puede haber de postre sangría muy afrutada o incluso fruta “asangriada”.

    Como hemos visto, utilizando en la sangría únicamente los ingredientes de la receta general y sin añadir elementos extraños, se pueden obtener resultados muy variados.

    Confieso que nunca me he tomado un gintonic de los modernos porque no me atrae mucho.  No suelo consumir alcohol destilado, y si lo hago eventualmente lo tomo “a palo seco” en chupito o copa clásica de coñac y sin hielo:  un vodka al estilo ruso, un whisky como en las antiguas películas de vaqueros,  o tal vez un orujo blanco o de hierbas.

    Si que he intentado algunas veces preparar una buena sangría con la familia. La que aparece en la fotografía es una que preparé en casa hace unos días,  así que la foto es físicamente irrepetible porque nos la bebimos en la comida.

    Mis queridos y pacientes lectores,  os sugiero experimentar la sangría “de autor” tomándola en la cantidad y momento adecuados para su mejor disfrute.  Os gustará.

     

     

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