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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 26
    Septiembre
    2012

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    A una amiga que me lee en silencio

    Me lo dijo mi viejo y sabio amigo Eugenio con mil años de experiencia y una vida inconclusa que no acierto a definir con Caridad: 'Nuestro problema no son los muertos sino los vivos: emociones que sentir, poesía que soñar y un amor que consagrar'.

    Ahora que has regresado de tus ocupaciones reposadas, y mientras te recuperas de algún exceso, me siento incapaz de volver la vista atrás y degradar tanto dolor de ausencia. Por eso hoy, y aquí, porque de otra manera no te enterarías, sea un buen momento para contarnos una verdad: a ti y a mí que siempre nos sobraron las palabras y nos faltaron los ejemplos. A nosotros sin rubor. Sin la experiencia ni la sabiduría de mi amigo Eugenio, cuando sobran las palabras y faltan los ejemplos, tengo el convencimiento de que la vida es una fiesta cuya única tragedia es no ser invitado a ella.

    Desde que anda la santa poesía ejecutando el mandato del poeta Ángel González acerca del amor desacostumbrado, han sucedido algunas cosas que debieras saber, así que te sugiero que le hagas caso a la razón, y liberada, desearte la felicidad y el calor humano que la vida te debe. Sin embargo, cuánto duele que te sintieras preocupada por el descaro de algunos y algunas que te suponían muerta por tantos años de reclusión. Créeme, llegado el caso, no tendrían el coraje suficiente para reconocer que tú, además de perder la vida en una noche aciaga, te tenías que morir. Te aseguro que quienes desearon tu muerte están manchados de su propia sangre.

    Valoraba responsable, aún considerando las dramáticas circunstancias vividas, que tu comportamiento no era el adecuado. Pero ahora liberada, no me canso, liberada, me gustaría que ahogaras tu reclusión para siempre en el olvido y que recuperaras de nuevo la alegría. Así que ahora es la hora de bailar en la fiesta de la vida al son de las más hermosas melodías y que dejes que se te vayan arrimando las buenas prácticas del poeta Ángel González.

    Está dicha una verdad, pero seguiremos hablando de otras si tú quieres, o respetaré tu silencio. Hoy alzaré mi copa de vino y brindaré por ti con mis mejores deseos. El café lo tomaremos otro día.

    Gracias por leerme en silencio.

     

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