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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 27
    Septiembre
    2014

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    Amenaza.

    Una amenaza es una manifestación que tiene como objetivo cometer un acto que supone un daño a otra persona, pero también podría ser una provocación. Cuando una madre amenaza a su hijo con darle una somanta si no se pone las pilas le está diciendo que a ella no le gustaría, pero estaría dispuesta si no se enmienda.

    La eficacia de la amenaza depende especialmente de su credibilidad, pero también de otros factores. Uno es la magnitud relativa de los incentivos y daños. Si alguien amenaza con matar a quien le ha puesto los cuernos, la inconmensurabilidad entre la muerte y su imagen ante el espejo hace que la amenaza sea creíble.

    Por otra parte, el amenazador tiene que convencer al amenazado que pudiera estar dispuesto a sufrir el costo de su acto si las cosas se ponen de aquella manera. Incluso ofrecerse en sacrificio si la amenaza no tiene revés posible. El costo puede ser igual o menor que sufrir el ataque pasivamente. Ofrecerse en sacrificio si otra persona es amenazada sería una estupidez, porque tal vez no tuviera nada que ver con la afrenta, razón de la amenaza. Entonces, el amenazador, dadas las circunstancias y probada la inocencia del amenazado estaría obligado a disculparse.

    Otra condición importante para la credibilidad de la amenaza es no abusar de ella, pero sin dejar de repetirla con frecuencia, utilizarla con responsabilidad. Porque si se amenaza y luego no se cumple con ella, no habrá próxima vez. O terminará pareciendo un charlatán. Yo soy partidario de Paz en la Tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad, porque nadie es capaz de abrir tantos frentes a la vez, ni Ángela Merkel sentada en la locomotora de Europa tiene tanto poder persuasivo.

    El amenazador, y va en serio, ha de tener la credibilidad suficiente para convencer al amenazado que le es posible cumplir su amenaza... Y a más, explicarle que de lo contrario sería víctima de sus propios miedos.

     

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