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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 06
    Enero
    2013

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    Atenea

    Este año los Reyes están pobres, les oía decir cada año a mis padres. Lo cierto es que cada año corren malos tiempos para la fe y la esperanza de los padres. Pero no para la inocencia y la ilusión de los hijos. El sentimiento de culpa de los padres al ver unos Reyes Magos pobres es terrible. ¿Cómo justificar la diferencia entre los regalos deseados y los recibidos? ¿Cómo el comportamiento de los padres ante una realidad imposible de creer? ¿Acaso nos portamos mal los padres? ¿Merecemos entonces que los Reyes nos traigan carbón? Recuerdo una noticia sobre un padre desempleado que atracó una gasolinera cercana a su casa para comprarle regalos a sus hijos. Un ladrón en tiempos de precariedad económica no se percató que su mascota le acompañó a la gasolinera y que le esperó a la puerta precisamente debajo de las cámaras de seguridad. El antifaz que llevaba de poco le sirvió. Traición: su mejor amigo le había delatado. ¡Al ladrón, al ladrón!. Llegado este punto de la historia, conviene decir, que algunos padres sin justificar el medio comprenden el fin y tal vez lo disculpen.

    Hoy, Atenea, una niña de tres años, bendita niña Atenea, al recoger los regalos que los Reyes Magos le habían dejado en la chimenea de su casa, de los muchos que allí había, eligió un puzle de doce piezas con su dibujo animado preferido. "Dora la Exploradora". Y "despreció" los mejores regalos (los más caros), para jugar con el que le hacía más ilusión (concepto, imagen sin verdadera realidad sugeridos por la imaginación). La niña Atenea emocionada era incapaz de armar el puzle y le dijo a su padre: tú, tú, papi, tú... Y entre risas y alegrías los dejé esta mañana armando el puzle.

    Corren malos tiempos para los padres, pero no para la ilusión de los hijos. Los padres vivimos una realidad que es un tormento, nuestros hijos no. Y convendría que no les robáramos esa ilusión. Mientras, imaginemos el país que soñamos. Amanecerá algún día.

     

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