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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 23
    Abril
    2014

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    Ayer hablé con Dios

    Le pedí que te dejara vivir, que ya se había dado cuenta todo el sufrimiento que eres capaz de aguantar. Le recordé que desde que tus hijos eran pequeños no has podido estar con ellos como quisieras eso no quita que has sabido ser la mejor madre del mundo.

    Le dije que tenía hasta el día 29 para desaparecer ese maldito tumor que te ha fastidiado toda la vida. Él puede hacerlo, es Dios.

    Comencé por reclamarle. Oye Dios si ella ha sido buena ¿por qué ha tenido que sufrir tanto? Después comprendí que si le reclamo se puede enojar, entonces le platiqué todas tus cualidades. Él ya las conoce pero igual se las recordé.

    Le conté nuestro secreto, bailar juntas ¿recuerdas? Tú apretando mi mano para que cese de temblar y yo sosteniéndote para que puedas caminar. Las dos unidas por una sanación increíble para los mortales que no creen que hay alguien allá arriba que todo lo puede.

    Luego pensé que como Él y yo tenemos un gran distanciamiento será que no me escuche, así que pensé pedirle a mi amiga Sara que ore por ti, al fin que ella se lleva de a cuartos con Él pero aún no me decido a pedirle que lo haga.

    Muchas veces no entiendo a Dios. Si Él es bueno ¿por qué deja que personas como tú sufran tanto? Yo no digo que castigue a los malos ni tampoco que premie a los que bien se portan pero se supone así debía ser.

    Hay cosas que no entiendo de ti, Dios.

    Dejé la plática inconclusa porque me quedé dormida pero ¿sabes amiga? hoy y todos los días seguiré pidiendo por ti, en una de esas a Dios se le olvida lo mucho que he renegado de él y me escuche. Si lo hace volteará a verte y seguramente te hará sanar porque se dará cuenta que el sufrimiento tuyo ha llegado a tal grado de que ya no quieras vivir, que tome en cuenta tu más de media vida en hospitales, te sane por fin y puedas correr a abrazar a tus nietos.

    Eso le dije a Dios.

    Mientras tanto tú estás en una disyuntiva sigo rezando por ti, quizás él por tratarse de ti me escuche y te sane. Dicen que los milagros existen, pues bien aferrémonos a eso.

    Te quiero Amiga.

    Flor de María

     

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