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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 13
    Septiembre
    2012

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    Carta a un amigo

    Podría dirigir esta carta a la autoridad competente, al alcalde, pero he decidido enviárosla a vosotros, hermanas y hermanos de mi pueblo. Quizás esta carta nunca la lleguéis a recibir por las dificultades que encierran las comunicaciones entre nosotros, pero tengo que intentarlo porque necesito ayuda urgente. Pero antes de contaros la desgraciada situación en la que me encuentro, quiero deciros cuan agradecida me siento por haberle conocido. Hablo de mi amo. Desde que nací no he conocido a nadie tan bueno y cariñoso, y puedo deciros que nunca me falló en ninguna circunstancia, que tuvo una especial consideración conmigo y siempre me ha tratado por un igual. Siempre mantuvimos una relación maravillosa. Todo lo que cuento es la verdad. Ha respetado las leyes de la convivencia y ha jugado de acuerdo a las reglas que la amistad obliga: ha sido mi mejor amigo. Y estoy segura que me ha ofrecido lo mejor de si mismo, como yo, que también me he entregado a él con el mismo cariño y respeto. Sin embargo, y ahora es cuando quiero contaros el motivo de esta carta, lleva unos días que me tiene confundida, no es el mismo, no es aquel amigo amable y sentido que conocí hace años, aquél que me acogió en su casa y me presentó a su familia para que me trataran como una más. Y lo hicieron, lo hicieron... Por eso ahora, cuando veo cómo ha cambiado su manera de pensar y obrar; cuando veo cómo ha reformado nuestras normas de convivencia haciéndolas cada día más imposibles no entiendo nada. No entiendo cómo se puede decir, por ejemplo, como ayer le dijo a Eugenio cuando fuimos a pasear por Les Seniaes y lo encontramos en el huerto, que mi presencia en su casa era amenazante. Incluso me ha llamado ilegal. No os podéis imaginar cómo me ha dolido... Y más, que no solo ha dicho eso, también me culpó de ser la causa principal de todos sus males, ¿de qué males seré culpable? Me acusa de impedir tomar café con su amigo Eugenio porque le obligo a pasear conmigo, de que soy un mal ejemplo para su familia por estar todo el día durmiendo en el sofá, hasta se atreve a decir que ronco. Que le obligo a levantarse caprichosamente de la siesta para que me acompañe a pasear a Les Seniaes sin importarme si está durmiendo o no. Dice que ya no le respeto, hasta se atrevió a sentenciar en un momento de ira, que si viviera en la ciudad ya me habría echado de casa, incluso ahora valoraba llevarme a la perrera municipal. ¡Cuánta injusticia y cuánto dolor!. Pero creerme, nada de lo que dice es cierto, son calumnias, él sabe que me ha dado cobijo en su vida porque me necesita, porque nadie puede mitigar como yo sus estados de ánimo sin el cariño y el amparo que le doy. También quiero decir que no hago el vago en su casa, que trabajo en tareas muy importantes para él y su familia, que vigilo la casa cuando están fuera, que hago de jardinera abonando y regando el césped de su jardín, y lo más importante, aunque ahora parece no darle importancia, como enfermera a pie de cama sin moverme hasta que se recupera de alguna de sus ausencias. Y muchas cosas más, y todas por amor... No lo puedo creer, pero se ha vuelto egoísta y orgulloso. Y ese egoísmo y ese orgullo que ha inflado conscientemente, no le permiten ver más allá de su propia ofuscación. ¿Qué le estará pasando? ¿Se habrá cansado de mí? ¿Cómo es posible que después de tantos años de convivencia feliz ahora me trate con tanto desprecio? Siento que lo estoy perdiendo y temo lo peor. Por eso os escribo, para pediros que me ayudéis a hacerle entrar en razón. Os pido que hagáis por verle y le digáis que no me acuse con mentiras ni me condene ante nadie sin antes meditar sobre lo que está diciendo, que no hable sin fundamento, que no me prejuzgue. Por favor, decirle que no me lleve a la perrera municipal, que no me abandone. Se llama Emilio, si le veis decirle que lo quiero y que no podría vivir sin él.

    Dona.

    PD. Ayer nombré a dona y dije que estaba muerta. Y es cierto, dona era mi mascota y ahora está muerta, pero seguirá viva en mí. En mí, y también en Quizá ya ocurrió. Como Eugenio o mi amiga del alma: ella, la que me lee en silencio. Que nadie lo ponga en duda.

     

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