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Quizá ya ocurrió
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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 18
    Julio
    2014

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    Derecho a la privacidad.

    Nadie quiere estar solo. Y menos un viernes de fiar que la noche y unos vinos y las amigas de la avenida... Una gran idea esto de cenar los viernes de sobaquillo en la avenida.

    Esto no es un lamento o un tango tristón, tampoco vengo a quejarme; en los años altos casi vivo como quiero. Hablo de la soledad impuesta, la injusta, esa que nos imponen en cualquier circunstancia. Esa soledad no la quiero para mí. La otra sí, esa de mejor estar solo que mal acompañado, la necesaria para encontrarse a uno mismo, la justa, la saludable, la que no pasa factura. Sé lo que digo, por lo que reclamo aquí y ahora, mi derecho a la privacidad.

    La individualidad, el espacio abierto, el respeto marca tendencia este verano en las relaciones interpersonales, incluso en las familiares. Por cierto, con tanta igualdad y en ese plan, mi esposa ahora, tal vez por el olvido de no felicitarla por su santo, dice que este verano cada cual se busque la vida para comer. No sé si me explico: comer comeremos si Rajoy y la Tesorería de las SS nos pagan, se refiere a cocinar ella. Este verano mi esposa se niega a cocinar, dice que me prepare yo la comida o vaya al bar. Si mi güela viviera... o Franco, ya le bajaría yo los humos... pero muertos los dos no me atrevo. Que a un hombre le pueda todo el mundo es una pena de hombre. De joven... la verdad, yo siempre fui poco valiente, para qué mentir, fui más de creer en la buena voluntad de la gente, de tener fe, y que las cosas se arreglaran por sí solas. La mayoría de los españoles pensábamos igual; de ahí que Franco muriera de viejo y en la cama. ¡Españoles, Franco ha muerto!.

    Que nadie piense mal, no soy un asesino ni quiero que nadie lo sea por mí: no fui a la guerra pero corrí delante de los verdes y los grises (y en algún descuido detrás. Luego tocaba dar y recibir. Recibir hostias y dar gritos). Fui valiente a mi manera. A lo que iba, la mujer se ha liberado y el hombre es consciente de ello, y el asunto no tiene arreglo, ni consuelo, ay. La mujer tomándose la cervecita y unos boquerones con sus amigas en la terraza de un bar y el hombre a llorar sus penas en la soledad del hogar. ¡Pero qué bajo hemos caído, oiga!.

    La soledad mal llevada, el quedarse en casa, si al menos dona viviera. ¡Joder, dona, qué situación me toca sortear este verano!. Mi incapacidad de retener amigas culpable. Tanto confiar en mis encantos, en mi manera de ser tan estupenda, tan agradable al trato, tan cariñoso y ahora vivo la más funesta de las soledades. La bravuconería y la indiferencia pasan factura. Simple y llanamente soy lo que merezco, es lo que se comenta por el pueblo. Y mi esposa asienta y calla.

    Que al menos mi capacidad de aprendizaje, una idea y algún descuido de quien pudieran entrar en Quizá ya ocurrió y leerme me devuelva la sonrisa. Si Dios quiere. Amén.

     

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