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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 27
    Marzo
    2014

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    Día 51

    Dice mi madrina que el frío que tenía mi cuerpo cuando me estaba vistiendo nunca lo había sentido, dice que era extraño, raro, diferente, era el frío de la muerte, el frío que llega cuando ni el cuerpo tibio de mi madre pudo quitar.

    Estoy aquí en este lugar vacío donde hay otros como yo que caminan hacia ningún lado dejando que sus pasos los guíen hacía algún lugar conocido, es el limbo, el lugar donde la nada reina.

    No hay risas ni llantos, se puede sentir el silencio voraz que nos arrastra a todos los que no fuimos bautizados, mi madre católica dice que para que pueda encontrar un sitio en el valle de los muertos me tiene que vestir de algún santo o virgen como lo hizo mi madrina conmigo. La virgen de la Medalla Milagrosa, de azul y blanco, de virgen que fue a dar al limbo el lugar de la nada.

    Una lágrima le escurre a mi madrina, teme lastimarme al verme tan frágil, la pena no le deja ver que ya nada puede lastimarme, mi padrino le ayuda pero él no es fuerte a él le da miedo verme dormida sin esperanza de volver a despertar y se retira para que mi madrina lo haga sola.

    Ella termina de vestirme acomodándome en esa fría caja blanca donde descansaré por el resto del tiempo. Todos lloran, llegan con flores blancas, con cirios y veladoras que encienden para enseñarme el camino que debo seguir.

    Yo lo que quiero es calentarme un poco, me estoy helando, quisiera que mi madre me abrazara que me pusiera cerquita de su corazón a ver si así renace el mío pero nadie me escucha, los llantos no dejan que me oigan. Escucho los rezos pidiendo a Dios por mi para que me deje entrar al cielo, que olvide que no me bautizaron que olvide que soy tan pequeñita que me da miedo llegar al limbo donde nunca más veré nada pero Dios no me escucha, no los escucha.

    Mi padre me carga sobre su hombro para llevarme al panteón, va llorando se estaba encariñando conmigo, mi madre ha dejado de llorar resignada a nuestra separación. 

    Veo caer la tierra sobre la caja haciendo que mi madre rompa en llanto y que quiera venir conmigo, mi padre y mi madrina la detienen hasta que terminan de echarme toda la tierra apisonándola, pareciera que no quieren que me escape de este frío lugar.

    Oigo poco a poco como las voces se van apagando, el llanto de mi madre es el último que escucho. Todo se ha puesto oscuro, tengo miedo me han dejado sola aquí, ¿no se dan cuenta que estoy asustada, que soy muy pequeña?

    No entiendo qué pasó si todos éramos tan felices, tenía unos padres que me querían mucho, una casa que apenas estaba conociendo, todo era tan bello pero se acabó, se acabó un día, el día 51 de mi vida en la que estando tan cómoda al lado de mi madre se me olvidó respirar.

    Flor de María.

     

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