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Quizá ya ocurrió
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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 03
    Abril
    2014

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    Diamantes engarzados con hilitos de estrellas

    Vivo así... de lejitos.

     
    Comiendo estrellas, porque quiero acabar con todas, ya me hartó su titilante inseguridad, ¿quiere una? 
    Me gustan las plateadas con hilos de mentiras y sabor de engaño, dicen que no coma muchas porque sensibilizan la lengua y dan retortijones en la panza.
     
    ¿Ve ese lucero brillante? Me lo cené anoche, pero apareció otra vez en la madrugada. Yo creo que es mi mamá porque cuando lo muerdo le sale juguito de lágrimas. Mamá lloraba mucho ¿sabe? Cuando se cortaba el dedo meñique le salia un chorrito de abandono, es que su sombra la dejó el día que supo que se iría al Contadero casada con un señor que no conocía y le dijo ¨ámonos pa´ la casa, agarra tus tiliches y no chilles que no te vas a morir¨.
     
    Vivo cada noche así nomás... de a poquito sin pensar en abrir los ojos al otro día. Mi sino es no dormir. Eso si cuando sueño con dragones de piel dorada me dejo abrazar por ellos pero su lengüita me quema.
     
    Amo a los hombres que tienen gusto por lo salado. Así sabe mi piel, como pescado de ojos saltones en marea alta.
    Algunos dicen que mis senos saben a olvido, yo digo que saben a bebé.
    Me gustan los caballos bayos así como los frijoles de olla, calientitos calientitos, con aroma a destino, cocidos en brasas apagadas, al arrullo de los zorzales.
     
    Voy por la vida armando rompecabezas con lamentos recogidos bajo las escaleras y coleccionando olvidos en cajitas de cristal pa´ que vean lo que se perdieron, mirando la vida bajo un manto de saciedad.
     
    De profesión archivista de derrotas y llorona por convicción. Lamo huellas buscando las que perdí un abril del año del señor.
    Desde entonces colecciono abriles y tres de mayos bajo el cojín de mi derrota.
     
    El otro día dijo mi vecina La Diabólica que yo no me veo en el día, que ¨Mi señor¨ me guarda bajo llave pa´ que nadie me mire. Lo que no sabe es que me escondo al paso de los hombres que me ven de soslayo y con desdén nomás porque hablo bajito.
     
    Un día me morí, como no encontré mi cuerpo me fui llorando a dónde el padre Jacinto. Él encontró mi alma escondida en el alfeizar de su balcón. Pero ya no pudo regresármela, dijo que se la llevó el espíritu de la tía Herlinda que murió en mi cumpleaños.
    Yo por eso digo que no asistiré a ningún entierro, ni siquiera el mío porque ya no tengo nada.
     
    ¿Le dije que acabo de recordar qué ya morí? Pero ando buscando el cuerpo que sirvió para que me conocieran. Un saquito de huesos dulces con corazón impaciente, pero no lo hallo.
    ¿Usté no lo tiene bajo su almohada?
     
    la MaLquEridA me llamo, por mal nombre Flor de María pa´servir a nadie, gracias.
    ¿Y usted, cómo dice que se llama?
     
    Flor de María.

     

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