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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 17
    Marzo
    2014

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    Dicho del alma

    De cuando en vez suceden cosas que nos hacen sufrir tanto que pensamos que nunca más volverá la felicidad a nuestra vida. También, y por el mismo precio, suceden cosas que nos hacen sentir tan felices que creemos que serán eternas. Son momentos. Cada vez que unas y otras se convierten en parte de nuestra realidad, nos damos cuenta que nada es para siempre. Se oye por los mentideros de la ciudad que uno se acostumbra fácil a las cosas buenas, lo que nos da paz y estabilidad emocional, pero aquello que no nos es favorable queremos que pase cuanto antes. Entonces, resulta fundamental poner atención a nuestros buenos y malos momentos, porque cada uno nos deja un aprendizaje que contribuye a forjar nuestro carácter y hacernos más fuertes. Todo cuanto nos ocurre deja algo positivo, como el libro malo que siempre tiene algo bueno. Y por todo, lo mejor es compartir esos momentos con el amor lejos del dolor y la frustración. 

    Un lunes de petardos y música por las calles, debería disfrutar de la plenitud del dia e intentar guardarlo en la mente como un momento feliz para la historia. Y lo haré, porque es mejor disfrutar los momentos de felicidad pleno de conocimiento que tener que rogar a Dios (pastillitas de colores) para que me rescate de la tristeza.

    Confieso mi incapacidad a vivir el ahora sin pensar en el después. Sin embargo, antes de que llegue el epílogo de mis versos y las tiernas caricias en la piel más delicada, desvelaré mis deseos más íntimos y dejaré de pensar en el después y en todas las consecuencias. Allá, en lo más profundo de mi ser, emanará un instinto silente capaz de sonrojar a la María. Porque mi cara a veces es una máscara donde escondo, no solo la pasión, sino los grandes delirios capaces de iluminar el camino que rima con el amor inmarcesible. (Mi último suspiro será una esperanza).

     

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