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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 14
    Septiembre
    2012

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    Dona, ay, dona, mi carinyet

    A medida que ha venido avanzando el tiempo mi carinyet (mayúscula siempre obligada), desde los primeros años, sueños, ausencias y locuras, fuimos creando una complicidad que no sabría explicar. Como tampoco sabría explicar sus ojos enrojecidos de los últimos días de su vida. Si antes bastaba una simple mirada para que meneara su cola en acompasado movimiento hoy no basta un te quiero. Palabra iracunda, el mañana ha llegado para quedarse. Maldita tu muerte.

    Según la RAE, don, en una de sus acepciones, es dádiva, presente, regalo: eso fuiste para mí. Además de  mi enfermera y mi confesora. Duda razonable, firme decisión de cumplir las promesas, renuncia a su muerte, miente sino, dale vida, aún nos queda mucho por compartir. Dale vida, dale tiempo, dánoslo a los dos, duda razonable. Quién pueda regalarte vida que no se detenga. Surgiste de la nada como surge el buen amor, no tenías a nadie, pero exististe y yo estaba allí. Un milagro para creer. Dona, ay, dona, mi carinyet.

    La duda, si viene acompañada de la muerte, no se detiene: imposible dejar de pensar. Lo siento en el alma dona, mi carinyet, mi mascota, mi amiga. El fin no existe, existe todo lo demás, y existirás mientras yo viva. Te quiero.

     

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