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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 12
    Noviembre
    2013

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    Ella también me quiere

    Ir al dentista es estupendo, hay que cuidar la higiene dental, si no fuera por el daño que te hace. ¡Joder, dona, qué profesión la de dentista!. Y tuve que ir al dentista... (A veces, como quien no quiere la cosa, y la cosa es una mujer bella y sus ojos de mirada decidora, la tienes que querer porque sí). Nunca la espera se hace tan corta como en una clínica dental. Mientras esperaba, leía una revista manoseada de actualidad. Era una revista de vivencias. ¿Vivencias o videntes? ¡Qué martes!. Los martes de espera son peor que los lunes por el solo echo de ser un día más de espera que llega a desesperar. En fin, la revista trataba de la fisiognomía (estudio del carácter a través del aspecto físico, y en especial a través de la fisonomía del individuo). Analizaba los ojos y las miradas, y decía al respecto:

    Los ojos pequeños pertenecen a gente inteligente y muy activa. Grandes, a gente inteligente y soñadora que no sabe qué hacer cuando tienen insomnio. Redondos, a gente lenta carente de vivacidad. Almendrados, a gente astuta capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Hundidos, a gente con gran sentido crítico, aunque depresiva. Rasgados, a gente de poderosa con personalidad que ofrecen una imagen misteriosa y reservada. Saltones, a gente curiosa con tendencia a enamorarse a primera vista. Iris grande, a gente que expresan sus emociones. Iris pequeña, a gente que suelen ocultar sus sentimientos. Y de las miradas que las había tristes y alegres.

    Muchos ojos para tan pocas miradas. Mucha fisiognomía para la sala de espera de una clínica dental. ¿Y qué del color de los ojos y de ellos la mirada? La ira, la compasión, la emoción, la decepción o el amor. Una mirada expresa un sentimiento y tiene su propio brillo y color. Hay miradas que matan y miradas que dan vida. ¿Y cuándo los ojos dejaron de ser el espejo del alma?
      
    Si un poeta escribe de una mirada enamorada no se anda con estupideces, como unos párpados no vayan de urgencias en su ayuda... A una mujer bella y sus ojos de mirada decidora la tengo que querer porque sus ojos, y de ellos su mirada decidora no engañan... Ella también me quiere.

     

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