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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 12
    Diciembre
    2013

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    Es mi suegra

    Hermosa la Navidad, trasunto este exacto de todas las navidades, lo que por ser habitual no deja de estremecerme en esta mordiente cotidianidad. Hablo de mi suegra que vuelve a casa por navidad. Ella siempre sabe qué hacer, y te lo explica en el desayuno para que no se te olvide en todo en el día, pero no le importa repetirlo al almuerzo, a la comida o antes del té de las cinco. El trauma que padezco consecuencia de mi cumpleaños se agrava desde que me enteré que mi suegra aparecerá de un momento a otro por la puerta.
      
    Mi suegra. Una de las cualidades más sobresalientes de mi suegra, a la que tanto quiero, es su omnipresencia (es capaz de joderle un milagro cualquiera a Jesús el Cristo sin darse importancia), también su capacidad para fiscalizar todos y cada uno de los actos por intrascendentes que parezcan de mi entorno familiar. Y ello, para preservar el libre albedrío de las personas que, no obstante, serán responsables de sus actos cuando le resulte negativo, por el contrario, si resultaran positivo, será consecuencia de su sabiduría.
       
    Mi suegra, supongo que será una suegra más en este valle de lágrimas. Desde siempre, movida tal vez por un aburrimiento que, también debe ser general, ha entretenido sus tedios y sopores acechándome con apariciones incontroladas y atribuladas venidas por Navidad. Si algo le tengo que agradecer a la Navidad es que solo es una vez al año. Sin embargo, a pesar de sus inquisidoras apariciones, no ha podido evitar que un descreído yerno haga de su capa un sayo y pase de ella como del amor cuando no es poesía. Y prueba de ello es el escaso éxito de tan divina labor que, sin necesidad de pasar de su omnipresencia (inevitable por otra parte), es testigo de no pocas impías conductas de mis hijas y mías hacia ella que sonroja sus pupilas dilatadas por el asombro. Solo mi esposa (hipocresía de la peor) 'qué alegría que viniste, mamá. Todos estamos muy felices'. (Tal vez dona ya muerta, ay).
       
    Mi suegra, desde que vivo en Valencia (y no sé porqué) le han salido unos cuantos y valiosos aliados que denomino satélites o cuñados, también omnipresentes, que desde Asturias y sin que pueda evitarlo, se dedican a conspirar con menos eficacia que la vecina chismosa contra toda mi familia -en especial contra mí, claro-, con los más íntimos susurros y ademanes mafiosos.
       
    Mi suegra, cual una diosa de carne y hueso, para seguir protegiendo nuestro libre albedrío familiar, ha decidido, avalada por la comunidad de vecinos que preside y acompañada por su secretaria, visitarnos en Navidad. Cierto que siempre lo hace, pero no me acostumbro, y menos ahora que viene con Agustina, su secretaria en la asociación. Tal vez un día hable de Agustina y sus descuidos amorosos.
       
    Es mi suegra y solo puedo rezar a Dios para que las navidades pasen sin dejarme secuelas insuperables. Porque estoy seguro que mi  correo será confiscado, y mis pasos vigilados, y mis bienes inventariados, y mi memoria manipulada, y mis huellas registradas, y mis amigas investigadas, y mi intimidad asaltada, y mis opiniones opinadas, y todas mis demandas archivadas.

     

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