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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 24
    Septiembre
    2012

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    Eugenio es mi amigo y está vivo

    Me gusta evidenciar los valores positivos cuando la persona de quien hablo aún está viva. Pero aborrezco la hipocresía de decir algo positivo sobre quien entiendo no lo merece. Hoy, lunes de esperanza, quiero hablar de un ser humano especial, sabio: de Eugenio quiero hablar. Siempre que tengo ocasión trato de exaltarlo porque la gratitud es un incentivo que nos ayuda a ser mejores -no es remordimiento-. Digo sabio y digo Eugenio porque aún suponiéndole defectos, su sabiduría es superior y más significativa. El aporte en su parcela de vida colindante es realmente humana. Si utilizara una balanza pesaría más su humanidad y sabiduría que cualquier otra circunstancia por negativa que fuere.
     
    Me obligan estas palabras por lo ocurrido ayer tarde camino de Les Seniaes; nos encontramos cerca de su huerto y me dijo que estaba feliz porque solo le sucede una condición que particularmente celebra cada día: está vivo. ¡Hay que joderse!. Eugenio es mi amigo y está vivo.
     
    La vida es un hecho que hay que festejar en cualquier momento y circunstancia, hoy por decir, ahora que aún tenemos esa oportunidad. Porque existen razones cada día para celebrarlo; son pequeños y grandes detalles, es conocer a alguien y apreciar sus valores, y luego ser su amigo, y quererlo, y decírselo para que lo sepa. Estar vivo, eso es lo que realmente importa. Lo dice mi amigo Eugenio, un amigo muy especial y discreto. Recuerdo que el día de su cumpleaños me invitó a café y me dijo los años que cumplía... Los años vividos apenas importan en la vida de una persona porque según pasan te vas dando cuenta que lo que importa es lo que hiciste y lo que dejaste de hacer y ya nunca harás porque no te queda tiempo. Tiempo, el tiempo... Es triste ser viejo en primavera, pero menos que en otoño. El otoño es una estación jodida para los viejos: nos morimos más que en primavera. El invierno es frío y el otoño triste. Como la muerte. Hablo de Eugenio que es un hombre que está vivo, que es jovial, que fue capaz de ir deshojando uno a uno los años y habitarlos feliz. Además de mantenerse actualizado. Eugenio es un ejemplo de lo que todos debiéramos ser: agradecidos de la vida.
      
    Dicen que lo único verdadero es que hasta la muerte todo es vida y que allá cada cual con su tiempo. Yo, si hubiera un dios bueno pactaría con él por la vida, una vida que me permitiera ser capaz de mantener en los labios una sonrisa. Sin ser persona de cantar miserias a veces creo que soy un miserable. Apenas salgo de casa y lo peor, no me río (lo de dona me ha perjudicado seriamente). De cuando en vez  me vienen a buscar mis amigos de antes para almorzar (inducidos por mi esposa) y les digo que no. No estoy dispuesto a que nadie piense que estoy más muerto que vivo. Hace tiempo que no río, y eso que reír ayuda a conservar las facultades mentales, y a más adorna la vida. Ay, mi niña, tu risa que es la mía sí que adorna mi vida, aunque solo sea por dentro.
      
    Hablar de Eugenio hace que me ponga sentimental y profundo. Para Eugenio vivir es sencillo, se podría decir que es un hombre que organizó su vida a base de ilusión y trabajo, de amor por su familia, por su colindancia y por sus ideales. Se podría decir mucho sobre Eugenio, pero nada tan importante como que es feliz porque está vivo. Y eso que a la María se le olvidó llevarle alivio a una pena bien grande. Lo sé porque lo sé, él no me lo dijo, ni se le nota.
      
    Quien sea capaz de dedicarle un poco de tiempo a reír cultivando la amistad y sus valores que lo haga, que no lo deje para mañana, que no sea estúpido. Que deje sus asuntos inaplazables para después. Y que le eche coraje a la vida.

     

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