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Quizá ya ocurrió
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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 12
    Diciembre
    2012

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    Fiebre

    Titulares en prensa: Identifican... Asesinan... Autorizan... Accidente... Ha sido sometido a la justicia... Fúrtbol... Bajan las temperaturas... Murió... Porque estaba vivo, carajo. Triste, muy triste. Sin embargo, para escribir y que me leas, tendré que escribir algo que merezca la pena. ¿Sobreviviré entonces a mañana sin escribir por falta de imaginación? ¿Otra página en blanco? Necesito escribir. O morir por ti y no resucitar jamás.

    Para encandilar sus ojos decidores y reflejarme en su mirada, pienso que sería genial volver a mis años de juventud y escuchar ruborizado los piropos de mis amigas. Porque yo (dona, si ella supiera) si no fuera tan prudente... si me diera por contar... si no fuera quien soy... Un miércoles de baja estima, qué mejor manera de comprobar si aún mis encantos embelesan que acercarme hasta mercado y fijarme si hay quién o quiénes me miran de soslayo y me sueltan un piropo. La María sabe que a mi edad eso sería tocar el cielo con las manos.

    Llamaré a mi hija para que me acerque... Uy, cómo, eso no puede ser, si me ven con mi hija me tomarán por un padre o un abuelo, mejor iré en autostop. Eso. Tendré que dar el pego. Porque de eso se trata, de aparentar y sentirme estupendo como antes. Mi juventud... ay, cómo la hecho de menos. Al paso de los años uno va perdiendo el atractivo físico y los abrazos y los besos... y ganando peso y arrugas y barriga... y entonces es cuando se les olvida felicitarme en el día de mi cumpleaños. Y eso que controlo mi dieta y no fumo ni bebo alcohol. No sé, en el mercado cada cual va a lo suyo, y a no ser que fuera George Clooney, fijo que pasaría desapercibido. Ir al mercado y creer que me van a piropear y no, porque no, sería entrar en una depresión autodestructiva que no quiero ni pensar. Cómo duele darse cuenta que los años pasan y no se detienen. Mejor sentirme orgulloso de mis hijas, fiel reflejo de mi juventud.

    Los viejos que no aceptamos el paso de los años vivimos en una celda de quebrantos. Somos apenas un libro cerrado entre las piernas y su tenaz tortura en la sala de espera de un Centro de Salud. Somos lo que antes fueron nuestros amigos cuando los acompañamos camino del cementerio. (Los buenos, si son amigos, siempre se van primero).

     

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