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Quizá ya ocurrió
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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 15
    Septiembre
    2012

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    Le dicen Miguel

    De cuando en vez miramos de soslayo y nos encontramos con personas sencillas de palabra honrada. Son personas sinceras que juega un papel importante en la vida colindante. Son personas de ideas positivas que nos entregan su afable compañía. Hablo de Miguel, un vecino de mi pueblo, para decir que es una de estas personas de palabra honrada. Y que merece la pena su amistad.

    Ayer noche, Miguel me dio una lección de amabilidad, una muestra gratuita de estímulos, de nobleza, de sobrellevar las decepciones, de continuar ante las adversidades. Miguel me recordó la capacidad de acción que tenía descuidada.

    Me habló de sus aficiones y de su trabajo, y que no sabía cuál de los dos le gustaba más. También me habló de cosas sencillas, de que había cambiado de compañía telefónica sin rencor, hasta el punto, que mantiene las dos operativas. Me dijo que de su vida todo le caía bien, y que la tomaba en muy en serio. Miguel ayer me desbordó de emoción, y de inocencia, porque yo nunca le daría ni cinco minutos de gracia a una compañía telefónica.

    Miguel no pertenece a este mundo de asuntos inaplazables, vive feliz con lo que tiene y disfruta con ello: su trabajo, su campo, sus perros, sus aficiones... Y su familia, la familia, su esposa y sus dos hijos. Me reconfortó hablar con Miguel y sobretodo escucharle. Personas así avivan los buenos deseos en cualquier espacio que se encuentren. Tal vez personas como Miguel sean el principio de la eternidad.

    Mucho se aprende de las personas, y yo de Miguel ayer aprendí que no ha acabado mi aprendizaje y que no pienso retirarme, que necesito más viernes de amena conversación con él. Que le quiero agradecer su otra dimensión, su extenderme la mano, su manifestación de paz, su sonrisa en los labios y su mirar a los ojos de frente y sin tapujos. Estoy seguro que personas como Miguel fueron las que descubrieron por dónde sale el sol.

     

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