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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 19
    Abril
    2014

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    Mi honor amancillado

    Me niego a pedirle perdón. Ha amancillado mi honor, yo soy el ofendido. Me llamó para que cooperara con él en las labores propias de su cargo y a la hora de aportar mis conocimientos tuvo miedo y me despreció. No puedo permitir que se dude de mi buen nombre y lealtad, a mí se me puede hacer fácilmente la prueba del ocho, soy lo que se ve a simple vista. Me siento ofendido y no voy a ser un decorado para que se luzca. 

    Lo retaré en duelo, creo que es la solución, le retaré a la vieja usanza, como antaño resolvían sus disputas los nobles, a espada como verdaderos caballeros. 

    En un libro de historia leí que antes del duelo se hacía una ceremonia solemne para intentar la reconciliación, pero no quiero reconciliación, mi orgullo lo ha declarado culpable y morderá el filo de mi espada. Soy un experto en el manejo de la espada, se lo demostraré, me siento capacitado para cumplir con habilidad el enfrentamiento y con resultado satisfactorio para mí. Lo considero inferior. Por eso un duelo a muerte decantará la balanza hacia mí y pondré a salvo mi honor. Me resarciré de su ofensa y juro que sobreviviré de las consecuencias.   

    Hace mucho tiempo que no se oye que un hombre haya perdido la vida en sagrado duelo y ya es hora que otro siga la tradición y se vaya por el camino del cementerio a la sepultura. Un sábado de fieles difuntos ha muerto un hombre sin honor. Ya era hora, pardiez.

     

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