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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 30
    Enero
    2014

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    Mi primer beso

    Algunas personas se sonrojan cuando las besan por primera vez, y otras toda la vida. Yo, la primera vez estuve a punto de llamar a la policía judicial. 

    Corrían tiempos difíciles para crecer, ni en casa ni en la escuela podías esperar que te enseñaran que un beso no es malo, simplemente es algo natural que designa de manera general un rito que expresa afecto cariñoso entre dos personas. En aquellos tiempos era imposible oír hablar de sexo... pero yo solo deseaba un beso. Y puesto que veía a los mayores besarse en el cine o al despedirse, llegué a considerar que podía ser una vía más de comunicación, un complemento a las palabras reservado exclusivamente a los enamorados.  

    Recuerdo mi primer beso, fue en el instituto, -yo, como siempre prematuro en todo-. Jugábamos a escondidas de los profesores en un lateral del campo de fúrtbol, pues en el patio había un muro de piedra que nos separaba: niñas por un lado, niños por el otro, y los profesores por allí vigilando para que no hubiera ningún 'fugado'. Ni con tu hermana podías hablar. (Como ahora). 
     
    El juego en sí, trataba de coger una prenda, 'El juego de las prendas', se llamaba, y te exigían para devolvértela pagar con un deseo; si tú eras el perdedor te obligaban a hacer lo que los demás quisieran, en este caso dar un beso a la persona elegida. El caso fue que la chica más bonita de todas me eligió para saldar su deuda: un beso, mi primer beso. Fue un beso en los labios, bueno, más que un beso fue un roce, una intromisión inesperada en mi deseo carnal que en aquellos momentos malinterpreté, porque yo deseaba la complicidad de la intimidad y no la tuve, fue un beso entre risas y alegrías (se rieron de mí), por eso estuve a punto de llamar a la policía judicial. (Lástima de beso, hoy me hubiera sonrojado, como mínimo).

     

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