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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 07
    Marzo
    2014

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    "Ojalá te guste, y si no pues aí me dices, Chido"

    Annabel Lee. 

    Por aquellos años no recuerdo haber dormido alguna  vez en el suelo. Mis padres aunque pobres siempre nos dieron un colchón donde descansar los sueños infantiles. Cierto es que en el cuarto dormíamos muchos pero bueno es el precio que había que pagar por tener una familia grande. Once hermanos son difíciles de acomodar en una habitación por muy grande que esta fuera. Cuando nació mi hermano menor que yo, no me le acercaba. Durante casi tres años fui la consentida y no soportaba que alguien viniera a robarme la atención de mis padres. Tardé poco más de seis meses en acercarme al que sería el consentido de todos mis hermanos.

    Pasado el tiempo dormímos juntos -justo antes de mi partida- en un catre que doblábamos al levantarnos y desdoblábamos al ir a acostarnos. Él tendría unos siete años y yo diez. Dormíamos los dos abrazados. Ponía su cabeza en mi pecho infantil, y él soñaba nuncasupequé.

    Me fui dos años en los que la vida fue poniendo a cada uno en su lugar.

    A mi regreso volví muy engreída. Se comprende cuando alguien que no tiene nada de pronto le dan todo. Juguetes, vestidos, casa, paseos. Lo nunca soñado fue mio durante dos años. Después... ah después volví a la realidad. Ahí fue cuando a mi temprana edad empecé a odiar a los ricos porque de tajo dejé de ser uno de ellos.

    En esa casa dormía con Alicia, mi compañerita de juegos pero después ¡Maldición! volví al hogar paterno y nada, nunca nada volvería a ser igual.

    Atrás quedaron las sábanas costosas, las colchas de diseños inimaginables. La habitación llena de juguetes que nunca más volvería a ser mía. La señorita Toña, la señora Estela, Chencha la criada y su hermana Victoria, los frijoles con queso derretido. Allá se quedó una parte de mi historia que ya no compaginó con la de mi familia nunca más. 

    A mi regreso, me tocó dormir con mi hermana mayor. Con ella siempre me peleé. Dormir juntas era un cruel castigo pero no podía escoger. A pesar que los hermanos mayores comenzaban a levantar el vuelo, nosotras seguíamos siendo hijas de familia. 

    Con ella dormí hasta el último día cuando salí de casa vestida de blanco para casarme con el que ha sido y será el amor de mi vida con el que duermo hoy en día y si la calaca no dispone otra cosa, lo haré hasta que cuelgue los tenis y la huesuda venga por mi porque eso si, ya le dije que me muero yo primero porque no soportaré la vida sin él. 

    Flor de María.

     

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