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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 22
    Septiembre
    2012

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    Sábado de los fieles difuntos

    En mis años mozos de ir a la escuela, había un profesor de filosofía dado a enseñar todo lo que tenía que ver con los sentimientos fundamentales que esclarecen los demás sentimientos, también sentimientos fundamentales. Para él, la realidad era todo lo que vemos en apariencia sin factura idealista, sin una María enamorada y sin utopías, sin penas ni alegrías. En un verbo daba respuesta a todos los sentimientos fundamentales que el humano ser encierra en el fondo de su corazón y en su mente. Su filosofía era la configuración exacta de su cosmovisión general. Los sentimientos de aquel filósofo precursor era su propia filosofía fundamentalista.
      
    En realidad, los sentimientos fundamentales son un repertorio de complejidades de cada cual, y a veces resolverlos, define sentimientos irreconciliables. El filósofo profesor, probablemente murió sin haber resuelto por qué fumaba o por qué bebía; por qué decía que era un coronel retirado que había servido a las órdenes de Franco generalísimo en Tánger y Tetuán. Los sentimientos filosóficos de aquel filósofo profesor, no pasaron más allá de sus paranoias mentales.
      
    Qué diría mi filósofo profesor, si ahora me viera ajeno a la disquisición, sentir lo que siento al oír los petardos en la calle y la casa vacía de ladridos. Ni una temerosa mirada. Ni un cobijarse debajo de la escalera cuando nerviosa creía que no estaba. Ni un ya pasó carinyet... tranquila. Ay, dona, tú si que eres un sentimiento fundamental irreconciliable. Sin ti, ya siempre seré de un pájaro un ala. Gruta umbría: este es mi último adiós.

     

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