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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 05
    Octubre
    2012

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    Son seis mis neuronas

    De esta historia apenas tengo conocimiento; desconozco si estaba soñando o ausente. Ocurrió hace tres noches y lo cierto es que nunca estuve tan relajado. Desde que mi Neuróloga me cambió el color de las pastillas soy otra persona. Dormir es una bendición. Y mis neuronas están felices. Hasta las pude contar: son seis. Mis seis neuronas. Yo creí que tenía más, pero no, solo conté seis. Son seis mis neuronas.

    Desde entonces mantenemos una relación estable. Claro que solo llevamos tres días. La cosa tiene que cuajar como en toda relación. Dado el buen rollo que mantenemos, he programado mi vida de manera que, después de las doce de la noche mi cara siga pareciendo natural incluso sugerente. Ahora logro superar el día sin catastrofismos: ¿qué pensará la gente de mi pueblo cuando me vean con la cara de los domingos a todas horas? Cavilo y maquino interesantes devaneos con la nada, incluso comprendo situaciones que antes nada me decían. Duermo y me hago la siesta. Es maravilloso.

    Mañana, sábado de los fieles difuntos, tengo pensado salir al cementerio y confío que mis neuronas me acompañen con su buen humor. ¡Joder, dona, quiero que las conozcas!.

    Como son pocas, y para identificarlas les puse nombre. Una parece que se le detecta un punto de sabiduría: la llamo Esperanza por si alguna vez me contagia.

    Otra se acomoda en cualquier recoveco con su energía reciclada, la llamo dona, porque solo duerme y ronca.

    La primera en desconectarse ante lo inesperado he decidido llamarla amiga para que se anime. A poco que me descuido empieza a segregar nostalgias a modo de tragedias insuperables.

    Quedan tres: la cuarta fue la quinta antes de que la sexta se enamorase de Melendi: epilepsia, la llamo. La cuarta es un contador de energía fuera de revoluciones, es la que provoca mi ira, la llamo Iberdrola. Y la quinta es tan tímida que le digo sentimientos. Se lleva muy bien con las otras y es la primera en soltar una lágrima cuando en un descuido de la María me voy. Es la que más me quiere.

    Sin embargo, las seis no tienen otro cometido que conspirar contra mí exigiéndome, como si fuera Satanás, la gloria en los infiernos y que el cielo sea pasto de las llamas.

     

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