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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 17
    Septiembre
    2012

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    Un hombre anónimo ha muerto

    "Alguna reflexión se debiera extraer de esta muerte, y sobre todo de esa vida".

    Hoy, un hombre anónimo ha muerto. Aunque bien se pudiera decir, que quien ha muerto ha sido una esperanza que ya agonizaba hace tiempo. Un hombre anónimo que a su manera hizo de las derrotas un monumento a la vida sin banderas y sin líderes, a la empatía, al amor y a la santa poesía. Un hombre, un fabulador con demasiados apagones en su vida hoy ha muerto. Llevaba tiempo alimentado artificialmente: un día hacia delante y dos hacia atrás. Siempre arrastras por un camino cercano al abismo. Y otra vez hacia delante. Y otra vez hacia atrás. Y otra vez sin privilegios.

    Hoy, un hombre anónimo ha muerto. Era un hombre honesto y nunca ahorró esfuerzos, aunque en vez de intentar echar de su vida a sus demonios, lo que hizo fue darlos a conocer, sinceridad que pagó con el olvido. Ese fue su error, ese su drama, esa su tragedia. Si un minuto de silencio le hubiera salvado. Si un minuto de silencio por cada mirada, por cada lágrima, por cada verso, por cada decepción. Si un minuto de silencio honrara sus voluntades sin importar procedencia ni destino, sin importar el dolor que imponen los adioses, el discrimen odioso y el odioso prejuicio. Si un minuto de silencio compensara su osadía y su ignorancia. Si un hombre anónimo inquebrantable en sus sentimientos, imposible en su coherencia, pudiera reflejarse en sus decires se vería agonizar en sus sueños. Lamentable paradoja.

    Hoy, un hombre anónimo ha muerto. Hace poco, quizá buscando acomodo para él y su mascota, estuvo en el cementerio: prohibido caminar mirando hacia las estrellas; prohibido amar al margen de los parámetros preconcebidos; prohibido comer en otra boca; prohibido lo natural; prohibido lo secreto. Y, sobre todo, prohibido escribir sin intérprete. Estuvo en el cementerio con su mascota y se querían quedar, pero en un descuido pecó de pensamiento, y en ese mismo instante recordó las cosas que son indispensables para el equipaje de una vida. Recordó, para empezar, el amor de su mascota, su cola en acompasado movimiento por su sola presencia. Recordó el vivir de quien no se rinde a pesar de cualquier circunstancia. Recordó el murmullo de la auténtica verdad. Recordó a la amiga. Recordó al camarada y sus ideales. Recordó, por amor, amar a su patria con el orgullo necesario para sentirla en lo más profundo de su ser. Recordó que la muerte, siempre dulce y burlona, acompaña a la vida hasta el último suspiro. Y también recordó, porque olvida, porque siente correr por sus venas el día, que hoy su mascota a muerto.

    Hoy, un hombre anónimo ha muerto. Y a nadie importa si murió de pena o lo mató su prosa. O su innegable capacidad para la autodestrucción.

    (Un hombre anónimo y su mascota han muerto. Ya amanecerá algún día).

     

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