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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 02
    Junio
    2014

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    Una canción por una vida.

    Cuando nadie me ve subo al desván donde guardo las cosas inútiles que a través de los años van dejando un hueco para el recuerdo. Llevo unos días queriendo subir en busca de nuevas sensaciones escuchando viejas canciones. Tengo discos de vinilo y un tocadiscos más viejo que yo. Pero al contrario que yo: es mi memoria... en fin, él tiene la facultad de hacerme recordar momentos que he vivido. Escuchar una canción del pasado me brinda la oportunidad de sumergirme en un mar sin fondo.

    Juro que he vivido, pero a veces dudo y me miro en el espejo, y aunque no recuerdo, juro que he vivido, lo veo en mi cara, ¡joder, dona, mi cara!..

    Y subo al desván y entro en conexión con canciones de antes y sus momentos. Una canción de antes no es escuchar una música más o menos agradable, es traer a la memoria sensaciones del pasado que por algún motivo han preferido quedarse en un rincón del alma a través del tiempo que desaparecer. Adoro esa canción y su recuerdo. Me gusta lo que dice y más lo que significa. Y de todas las canciones hay una especialmente que me trae a la memoria recuerdos exclusivos atados a palabras con un ritmo que conmueve. Entonces me dan ganas de llorar y extrañar. O de reír y volver a ser el protagonista que fui un día. Reliquias del pasado.

    Cuando nadie me ve subo al desván y te veo brillar con la luz que enciende los sentidos de mi cuerpo (aunque solo sea en mi imaginación). Tu música es mi canción preferida. La facundia vestida de musicalidad que me permite poseerte. Para poseerte solo tengo que escuchar tu canción... y cerrar los ojos. Tus ojos siguen siendo poesía y tu mirada la música imposible de tararear.

     

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