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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 06
    Diciembre
    2013

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    Una fila y una historia que contar

    Estoy completamente seguro que a nadie le gusta someterse a una fila (y si es la del paro ni hablamos).
      
    Una fila, sea india o no, está formada por personas colocadas una detrás de otras. Pero la cosa no es tal simple. Hablo de mí para decir que si tengo que hacer fila no tardo ni un minuto en ver a alguien a mi lado con la intención de colarse. Y eso no me gusta nada, es más, me desconcierta hasta el punto de preguntarme si no seré yo el que sin darme cuenta está mal situado. Y dudo, yo dudo por todo, hasta de lo nuestro dudo, amor.
     
    En esto de ponerse a la fila para guardar un turno creo que existen profesionales con la mala intención de colarse por norma. Sin embargo, la buena intención no basta a la hora de ponerse a la fila, y más obtenerla recta. Una fila debe ser recta y no en zigzag para que no haya problemas.
     
    Viene el asunto al caso, porque el banco ahora me cobra unos intereses de mantenimiento por la cuenta familiar y no quedamos en eso, nunca me cobraron intereses al tener domiciliada la pensión, y ahora me los cobran y no. No. Que no, oiga. Por eso ayer fui al banco y tuve que hacer fila. ¡Joder, dona, qué estrés me produce este asunto!. Lo que quiero decir, además de lo que dije, es que una señora con cara de malas pulgas, pero que muy malas pulgas, que diría una amiga, se colocó a mi lado después de llevar media hora a la fila con el fin de adelantarme en un descuido. Y no. Entonces, con la cara de los entierros me vi obligado a defender mis intereses...
     
    -Oiga usted, si se coloca a mi lado con el fin de colarse le explico con pelos y señales lo que hacemos en mi pueblo con las que se cuelan. O si lo que pretende es tirarme los tejos ya le digo que no es mi tipo, además es usted muy vieja. Y fea.
     
    Al oírme se ladeo indiferente y la respuesta que obtuve fue una mirada de soslayo despectiva como queriendo decir mira hacia delante y calla, estúpido.
     
    Lo curioso de este caso, es que enseguida me di cuenta que había hecho mal en reprender a aquella señora, pues, sin que yo supiera porqué, unas cinco o seis personas que iban delante, comenzaron de repente a desviarse hacia la derecha como si quisieran evitar un obstáculo. Naturalmente, la señora del incidente no tardó un ni verbo en tomar la revancha con aire triunfal. Ella ahora estaba delante de mí y yo en ese momento estaba fuera de la fila, o sea, yo era el que a todas luces intentaba colarme.
     
    -Parece -me dice sarcástica- que es usted el que ahora está fuera de la fila, ¿no pretenderá colarse, verdad?
     
    La verdad estaba de su parte. Pero no la razón, y no le pedí disculpas porque yo había llegado antes que ella, aunque la fila se desviara incomprensiblemente y quedara desenfilado. Así que, con el fin de no parecer testarudo y mal educado, para que algunas no digan, me vi obligado a colocarme detrás de ella y perder mi turno. A fin de cuentas soy un caballero.
     
    Lo cierto es que cada vez tengo menos paciencia. Llegando a los años altos de la vida la intolerancia hace su presencia y nos volvemos... en fin.

    En mi pueblo estas cosas no ocurren, nadie tiene prisa, las filas son de dos o tres personas y son más un acto social que una fila. Y aprovechamos para hablar de nuestras cosas, de una y otra, de la fea de los besos y la vecina chismosa. Es más, la gente en mi pueblo no tiene la convicción que el sitio que ocupan en la fila es de su propiedad. Aquí se puede dejar la fila en cualquier momento, ya sea para ir a telefonear, parlotear con alguien en la calle u otro motivo. Nunca hay problema porque se respeta el turno. La gente en mi pueblo se toma tiempo para vivir y no para reñir. Por cierto, el señor de la ventanilla, luego de explicarle el motivo de mi visita, me dijo que no, que el siguiente espera, y que pasare un buen día... (La usura está en los porcientos que nos roban los banqueros con el plácet del gobierno por cada movimiento en cuenta y otros boleros).

     

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