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Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 04
    Junio
    2014

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    Una moraleja sin enseñanza.

    En la cena de despedida que tuvimos unas y otros (antes dona me disculpaba, ahora no. Fui a cenar para decirles simplemente que les fuera bonito) alguien me habló de la vida y la responsabilidad. También del paro y el fúrtbol. Fue una velada expléndida. Y como no entendía me lo explicó como una moraleja sin enseñanza.

    Un maestro albañil a punto de jubilarse, le comunicó al jefe sus planes de dejar el trabajo y disfrutar de la vida sin despertador. Sabe que perderá su nómina, pero es hora: con lo que le quede de pensión se arreglará. El Jefe, en agradecimiento le pidió que construyera una última casa como favor personal. El albañil accedió, pero se veía que no estaba poniendo mucho interés en la casa. Incluso los materiales parecía que los pagaba él: todo era de peor calidad y los remates muy deficientes. Una desafortunada manera de terminar su carrera profesional.

    Cuando el albañil terminó su trabajo y al ir a con el jefe a supervisar la casa, antes de entrar, el jefe le dió las llaves. 'Esta es tu casa', le dijo. ¡Lástima de casa!. Si el maestro albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa la hubiera hecho de manera diferente. (Nunca se sabe cuando un jefe te va a regalar una casa o una carta de despido). Si embargo, en cualquier circunstancia, hagamos nuestro trabajo con empeño y poniendo nuestra mayor dedicación, voluntad y decisión en lograr lo mejor de nosotros. Actuemos en la vida con juicio y seriedad, como si estuviésemos construyendo nuestra propia casa. Cada paso un peldaño; cada hueco una ventana; cada viga un pilar y en ese plan hasta llegar al tejado y su chimenea. Construyamos la casa de nuestros sueños con responsabilidad. Inclusive si solo vamos a vivir un día más, ese día se merece vivirlo con dignidad. (Un día, Pedro Calderón de la Barca puso en boca del Conde Lucanor: Estoy de moralejas sin enseñanzas... Patronio. Y Patronio calló, pero la suerte estaba echada).

     

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