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Sobre este blog de Cultura

Quizá ya ocurrió es un lugar sacado de las brisas de un mar y sus brumas donde todas las ideas serán bienvenidas, sobre todo las infundadas y las que vienen de los que dudan y otros caprichos, y donde la evidencia, no será ni mucho menos suficiente para desmentir una verdad. En fin, ya me entienden....


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  • 03
    Julio
    2014

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    Una mujer pobre y Gallardón.

    A veces en la vida se dan casos que no puedes decidir por ti mismo, te afectan pero tienes que sacrificarte y aceptar las cosas como vienen o te impongan. Así es, a veces deciden por ti. No hablo de mi esposa y de mí, bien lo sabe Dios, hablo de una mujer preñada. Una mujer preñada insiste en reclamar el derecho a decidir sobre su cuerpo. Quiere abortar y Gallardón no la deja. Una mujer es incorregible, insiste en decidir sobre su cuerpo, quiere abortar y Gallardón dice que tiene que parir sí y sí. O sí. Gallardón lleva las riendas de su vida.

    Una mujer, si fuera dueña de su cuerpo podría procrear, abortar, entregarse al amor, ser admirada, piropeada; una mujer si fuera dueña de su cuerpo lo sería de su vida.

    Hoy estoy espeso, por eso deslindaría mi cuerpo natural y sería una mujer preñada decidida a abortar. Me cambiaría por una mujer, sería una mujer aunque no fuera persona. O mejor, claro, deslindaría el cuerpo natural de Gallardón y lo convertiría en una mujer preñada a punto de abortar por decisión propia en una clínica ilegal. Y digo clínica, pero no sé cómo se llaman. En realidad es una casa sin higiene ni sabiduría. Porque a Gallardón, además de mujer lo concebiría pobre de solemnidad para que no pudiera abortar en Londres como las mujeres de su alcurnia.

    Gallardón penaliza el aborto que mata a las mujeres pobres, las ricas pueden pagar bula: ir a Londres, abortar y llegar con el tiempo justo para asistir a misa de doce sin pena ni remordimiento.

    Gallardón está por encima del bien y del mal; por encima del derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. De una mujer pobre, quise decir.

     

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