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Antonio Ruiz Cano

Ex-Directivo de Empresas Públicas. Licenciado en Derecho y Graduado Social. Procuro ser objetivo en mis apreciaciones y fundamentar mis afirmaciones,con datos preexistentes, a ser posible contrastados.

Sobre este blog de Nacional

Reflexionar desde otra perspectiva y quizás diferente visión sobre los acontecimientos que nos afectan a los valencianos en todos los aspectos.


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  • 14
    Enero
    2013

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    A LA TRÁGALA

     La expresión con la que he titulado este artículo, que tiene reminiscencias de la primera constitución española, la Pepa, estaba muy en desuso, pero actualmente cobra vigencia por el carácter impositivo con el que se nos aplican las "reformas" y que nos transportan al pasado, no en balde en muchos aspectos y ámbitos hemos retrocedido en esta legislatura alrededor de 30 años y se les ha conferido a los empresarios el poder omnímodo para poder organizar, reestructurar, despedir, etc., sin cortapisas ni control de la Administración.  

    Así pues, con las experiencias de algunos ERE tramitados recientemente, cuyos periodos de consulta  he podido seguir a través de la prensa y de las conversaciones mantenidas con los representantes de los trabajadores, como el llevado a cabo en Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana, me he podido percatar que es indiferente los planteamientos que se hagan por parte de la empresa, ya que es igual que estos planes resulten absurdos, poco elaborados, anacrónicos, pues al final del periodo de consultas, que la patronal ajusta estrictamente al término legal, para mantener la presión sobre los trabajadores, necesariamente y fruto de la desigual posición de las partes prevalece la parte dominante, la voluntad del empresario y no el sentido común y el bien general.  

    En todo este procedimiento, con independencia de los nefastos resultados obtenidos para ambas partes, es decir para las partes representadas (empresa y trabajadores), que han perdido la posibilidad de modernizar adecuadamente la estructura de la empresa, mejorar los déficits existentes en numerosos aspectos , de eliminar las rémoras que lastran el crecimiento de la empresa y garantizar ante todo la seguridad, han tenido que plegarse a decisiones exógenas de la Conselleria de Infraestructuras y de las Consultoras contratadas para elaborar "los planes de recortes" que, en realidad si es que fueran necesarios, deberían tener una duración efímera. 

    Resulta obvio a luz de las soluciones adoptadas que los que evidentemente si han cumplido con sus objetivos han sido la Conselleria, que ha llevado a cabo la supuesta racionalización exigida a las empresas públicas desde la Presidencia de la Generalitat, salvaguardando al propio tiempo sus intereses clientelistas (sea conveniente o no) y cómo no las Consultoras contratadas, que se han llevado "the lion´s share" (la parte del león), sin arriesgar absolutamente nada, perjudicando, como siempre y en definitiva, al sufrido contribuyente, en este caso a los valencianos, que ya estamos acostumbrados a soportar la arbitrariedad de nuestros Ejecutivos autonómicos.  

    Además de estos contrasentidos, se han difundido por la prensa algunas noticias que tampoco han servido ni para pacificar ni aclarar las cuestiones que se estaban dilucidando dentro del citado periodo de consultas, puesto que, en puridad, cómo se puede llamar  "negociaciones" al menosprecio o negación constante de las propuestas sociales sin su estudio concienzudo ni de proyección a largo plazo; o con que osadía se puede decir que los trabajadores iban a "aprobar" la propuesta del  ERE o peor aún, que los trabajadores han aprobado los despidos de 310 trabajadores. 

    Todo esto ha sido un dislate, pero lo que si ha de quedar meridianamente claro es que los representantes de los trabajadores finalmente han aceptado un ACUERDO MALO, para no tener que abdicar ante una IMPOSICIÓN PEOR, pues, si hubiera dependido de ellos (los sindicatos) jamás hubieran firmado un acuerdo que reducía en parte el número de bajas inicialmente planteado por la Empresa (estrategia de negociación), ya que lo que pretendían es que no se despidiera a ninguno de los trabajadores y en último caso, si indefectiblemente debían racionalizarse plantillas, que las bajas hubieran sido exclusivamente prejubilaciones y éstas pactadas. 

    Desafortunadamente con el vigente marco legal se puede hacer poco por la representación de los trabajadores, dado que una de las claves para poder hacer estas barbaridades en el ámbito laboral ha sido eliminar el protagonismo de los Sindicatos y dejar al margen a la Administración Laboral que antes podía mediar en la resolución de estos conflictos y buscar soluciones más equitativas, no como las actuales que sólo tienen no un protagonista sino que es la figura del "amo".

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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