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Antonio Ruiz Cano

Ex-Directivo de Empresas Públicas. Licenciado en Derecho y Graduado Social. Procuro ser objetivo en mis apreciaciones y fundamentar mis afirmaciones,con datos preexistentes, a ser posible contrastados.

Sobre este blog de Nacional

Reflexionar desde otra perspectiva y quizás diferente visión sobre los acontecimientos que nos afectan a los valencianos en todos los aspectos.


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  • 14
    Septiembre
    2011

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    DISCREPANCIA ABSOLUTA

     El pasado fin de semana, coincidiendo con la difusión de la noticia sobre la implantación por parte del Ayuntamiento de Benidorm de una Tasa para mascotas, me hallaba precisamente en esta turística y afortunada ciudad, dónde para cuidar de sus miles de visitantes,indudablemente principal fuente de ingresos de esta villa, resulta imprescindible evitarles todo tipo de molestias y procurarles, asimismo, todas las facilidades y comodidades posibles.

    La mal llamada TASA, según mi humilde opinión, no creo que realmente coadyuve a la mejor limpieza de las calles, ya que como estamos comprobando en esa y otras ciudades existen numerosos e incívicos propietarios de estos animales que amparados en la impunidad favorecida por la nocturnidad dejan los excrementos de estos inconscientes animalitos hasta en los jardines de su propia comunidad de propietarios o de vecinos, muy a pesar de que saben a ciencia cierta que sobre el césped de estos jardines se tumbarán al siguiente día los hijos y nietos de sus vecinos.

    Digo que técnicamente no me parece correcta esta exacción de tasa, ya que, por definición, debería obedecer al uso del dominio público y lo que sucede en estos casos no es así, sino que más bien se trata del deterioro no sólo de la res pública, sino también de la privada, porque, de momento, no existe otra solución posible a las corrosivas poluciones urinarias de estas mascotas sobre aceras, vehículos, edificios, etc. que los famosos pipi-can o los inoperantes repelentes y eso es casi imposible erradicarlo con la receta que da el Partido Popular de la citada localidad, es decir exigiendo mayor eficacia en la limpieza y multar a los infractores de la ordenanza municipal que sanciona la no recogida de estas inmundicias.

    Podrá parecer una broma, pero creo que con independencia de las sanciones que procedan cuando se cometa cualquier infracción con estas mascotas, la compra o adquisición (cualquiera que sea su titulo donación, cesión, etc.) de estos animales deberían gravarse con un impuesto similar al aplicado para los gastos suntuarios, salvo que los referidos animales tengan un uso o utilidad terapéutica, auxiliadora, etc., caso por ejemplo de los perros lazarillos para invidentes.

     

     

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