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Antonio Ruiz Cano

Ex-Directivo de Empresas Públicas. Licenciado en Derecho y Graduado Social. Procuro ser objetivo en mis apreciaciones y fundamentar mis afirmaciones,con datos preexistentes, a ser posible contrastados.

Sobre este blog de Nacional

Reflexionar desde otra perspectiva y quizás diferente visión sobre los acontecimientos que nos afectan a los valencianos en todos los aspectos.


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  • 16
    Octubre
    2015

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    Nacional Valencia

    MAGOS, JEFES, ESBIRROS Y CANTAMAÑANAS

    Jamás hubiera prestado la más mínima atención a un programa televisivo como "el Jefe infiltrado", de no haber concurrido una serie de circunstancias que me hizo pensar en la variadísima gama de jefes que existen en las empresas del país.

    La clasificación de los Jefes y de las denominaciones que también se les puede atribuir en función de cómo desarrollan su rol podrían ser numerosísimas, aunque trataré de hacer un esfuerzo compilador para sintetizar al máximo los muy diferentes estereotipos.

    Creo que es una materia de la que puedo tener una opinión autorizada ya que he asumido funciones de jefe o jefecillo desde muy temprana edad, por esta razón, después de visualizar algunas emisiones del citado programa extraje algunas conclusiones acerca de los beneficios que reporta dicha "intromisión" para los directivos que realizan la injerencia en los niveles más bajos y que normalmente son los profesionales que son la fachada de la empresa y deben ofrecer la mejor imagen.

     Con todo, lo que se ha podido comprobar que la finalidad de la infiltración, en principio, prevista para detectar las ineficiencias y defectos en la producción o presentación de los productos, resulta que se torna en el aprendizaje para el directivo que se suponía que debiera conocer de antemano y perfectamente la organización de la que es responsable.

     Por esta razón y porque en esta performance televisiva parece que el objetivo es presentar al directivo como un benefactor magnificente que comprende no sólo las causas de los fallos cometidos, sino también los problemas humanos que sufre el personal de su empresa, da la impresión que más que un Jefe es un auténtico Mago. Obviamente esto es una ficción, basada en una idea y programa evidentemente muy de Hollywood, cuya filmografía nos tiene acostumbrados a ese tipo de directivos pseudo-Santa Claus.

    Evidentemente los Jefes no son tal como los describen y costumizan en estos programas, lo cual no significa que no tengan más méritos que los escenificados en la serie, ya que, primordialmente, los directivos deben conocer exhaustivamente la organización para la que trabajan y, si es posible, haber trabajado en empresas del ramo desde los puestos inferiores para conocer realmente su know how y, por supuesto, haber conseguido en el decurso de su carrera profesional, la admiración y respeto de sus compañeros y jefes.

    Así pues, llegado el momento en el que se necesite cubrir un puesto de directivo en una empresa o sector no sería indispensable recurrir, como sucede habitualmente, a una selección externa, para fichar un directivo para el campo competencial de que se trate, ya que lo más probable es que no conozca mínimamente las intríngulis de la actividad para la que va a trabajar y que, partiendo de cero, va  tener que demostrar su liderazgo, y eso si realmente además posee las actitudes y aptitudes necesarias para su desempeño.

     Por todo ello, parece que lo más razonable a la vista de lo expuesto es que se seleccionen los directivos para el puesto que se precise (técnico, comercial, rrhh, etc.) y sea cubierto con los profesionales que posean el carisma e historial primigenio en la misma actividad y, estoy por asegurar que de esta forma, estará casi garantizada la idoneidad del candidato.

    Estos disparates también tienen lugar para cubrir puestos de menos relieve, es decir los puestos de 2º nivel ejecutivo o mandos intermedios dentro de la estructura empresarial, los denominados "jefecillos" los cuales deben mimetizarse en la esfera del superior y que, lógicamente, si el director no tiene altura de miras, por propio interés pretenderá que sea un profesional disciplinado y gregario de las directrices del área y estricto en sus decisiones, que no pueda ni desee, conocedor de sus limitaciones, aspirar a ocupar el nivel superior.

    A mi entender, la selección de estos últimos puestos de personal en la empresa son las que mayor riesgo entrañan para los trabajadores subordinados y para la empresa, por el posible deterioro del clima laboral, por el hecho de estar sometidos al mandato de su dirección y su falta de capacidad para adoptar medidas u órdenes basadas en la equidad y aplicables a situaciones particulares.

    El daño que a la organización quizás generen estos Jefecillos, puede ser irreparable, pues en algunos casos, dada la escasa discrecionalidad otorgada para sus decisiones,  inequívocamente son los típicos "esbirros" que sistemáticamente y sin valoración alguna se limitan a trasladar las instrucciones aún siendo irracionales o carentes de sentido como normas de carácter general.

    Mucho peor que lo anteriormente descrito, es la situación en la que ante la pérdida de competitividad de la empresa o el aumento de prestadores de los servicios, que antaño ofrecían casi en exclusividad, trasladan la presión a los trabajadores a través de los "esbirros", como si aquellos fueran los responsables de la pérdida de su preeminencia anterior en el mercado, generando no pocos conflictos y tensiones en el ambiente laboral.

    Situaciones semejantes se están produciendo en sectores innovadores, cuya competencia están creciendo exponencialmente, por ejemplo, los servicios de "call center" de algunas empresas (bastantes menguados de medios humanos) que, en ocasiones, son señalados como culpables de la desacertada política comercial de la organización y/o evidente escasez de recursos.

    El último estereotipo de Jefe o Jefecillo y que requiere muy poca explicación es la que he denominado "soplagaitas" o  "cantamañanas", que la mayoría de las veces pueden resultar la mar de encantadores, ya que, normalmente aparentando estar siempre en vanguardia y con una aureola de modernidad adoptan el lema "vivre et laissez vivre", son los típicos vividores que fían a los demás la ejecución de su propia actividad,  en una sobre-delegación excesiva y comportándose como un Don Tancredo cuando se les exigen responsabilidades y derivándolas hacia sus colaboradores.

    Para finalizar es conveniente remarcar que, obviamente, la falta de acierto para encajar cada directivo o jefe con el puesto adecuado, lleva aparejado multitud de desajustes y tensiones en la empresa que se traducen en ineficiencias y pérdida de eficacia, motivación y, por ende, productividad de las plantillas de trabajadores.

     

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