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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 08
    Diciembre
    2015

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    20-D: La hormiguita atómica, el Che, Clark Kent y el yerno perf

    A diferencia de Eurovisión, el debate político de anoche terminó sin que el público pudiera decidir y votar sobre la marcha un ganador claro. Con los acelerados ritmos digitales actuales se hace desesperante tener que esperar hasta el 20-D para saber quién se lleva el premio y a quien nominamos para que abandone la casa del gran hermano político.

    Esta inexplicable falta de votación inmediata dejó el asunto muy abierto, para dar mucho que hablar durante estos días. ¿Quién ganó?, nos preguntaremos con mucha comezón. Por lo menos hasta que volvamos a tener que ocuparnos de las cosas importantes. Es decir, del regreso a la cárcel de Isabel Pantoja tras seis cortísimos días de permiso penitenciario.

    Pues yo diría que ganaron los extremos ideológicos: Pablo y Soraya. Permítanme que nos tuteemos entre todos. Es lo que escuché anoche. Ahora ya no se lleva lo del señor González, el señor Aznar, ahora somos Pedro, Pablo, Albert, Soraya… Es la nueva política. Tuteo y tuiteo, en resumen.

    Ganaron los extremos, Pablo y Soraya, porque cada uno encontró su respectivo personaje. Ella había sido la hormiguita atómica que había estado tratando de rellenar con mucho esfuerzo la despensa y limpiando la casita mientras aquellos tres adolescentes granulosos, ahora en el plató junto a ella, jugaban al Fifa en el sofá, doblaban latas de cerveza, se lanzaban pistachos y se rascaban ahí en medio cuando había nervios y soltaban un segundo el mando de la play. Se le olvidó decir a Soraya que había uno más en aquel sofá, que era Rajoy, pero para qué. Ya dimos todos por supuesto que él también vivía en el piso de solteros. Ella, a sus labores. A sus labores de Gobierno. ¿Corrupción en el PP? Uuuy, sí, igual sí, pero eso son cosas del señor de la casa. Yo estaba pasando la aspiradora a la crisis. Pregúntenle a él cuando llegue a casa. Que ahora está echando la partida en el bar.

    Pablo también ganó. Por fin se quitó el disfraz de Felipe González el mozo, dejó esas ganas de ser el líder del PSOE auténtico y volvió a ser nuestro Braveheart de las plazas y de la gente, el Espartaco del Alcampo, el Che tirillas de la facultad de Somosaguas. No olviden las putadas que les hicieron estos cabrones y sonrían, porque se puede, nos dijo en su alegato final. “Dientes, dientes, que es lo que más les jode”, hubiera resumido la Pantoja. Y perdón por elevar tanto, de repente, el tono de este post. Pablo volvió a ser San Pablo, el apóstol de la gente. Y la gente no sabe pronunciar bien PriceWaterHouseCoopers, consultora de la casta. La gente buena, cuando habla inglés, lo hace como Chiquito: Jausguaterjauscuper, ande mor. Así que Pablo sonó como Chiquito y sudó como la gente buena y humilde, que sigue sudando en el tajo a estas alturas de siglo.

    Albert y Pedro se quedaron empantanados en la zona muerta del espectáculo. Albert estuvo todo el rato sacando propuestas de las suyas, superrazonables y garicanas, todo el rato poniendo una vela a Dios y otra vela al Diablo. Lo mismo te digo una co que te digo una o, se dice en una canción de Sabina. Ni bueno, ni malo, ni todo lo contrario. Y así, cualquier actor podrá decírtelo Albert, no se roba ninguna escena. Sólo brilló en el minuto final cuando habló de la ilusión y de emprender una segunda transición. Ahí sí, ahí encontró de repente su verdadero papel: el yerno que toda madre desearía.

    Pedro a veces se reía y, como tiene voz grave, se le escuchaba en segundo plano y no se sabía muy bien de qué se reía tan a lo tonto. El líder socialista, que tiene planta de Supermán, ayer iba de Clark Kent y, ya saben, el superhéroe en la vida civil es un poco espeso. ¿Qué fue lo que dijo Pedro? Ah, sí, que sólo se le podía votar a él. ¿Y por? Porque sí. Ah, vale. Que afine, porque en el próximo debate que le espera, el cara a cara con Rajoy, igual se lo come el señor que ayer estaba siguiéndolo todo desde Doñana. Recuerden, es ese señor que parece tonto pero que tiene la paciencia de una manada de elefantes y, a la que te descuidas, zasca, te acaba metiendo 8-1 al futbolín.

     

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