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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 12
    Septiembre
    2016

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    "Jabalí" (Cap 19.): El imperio malla

    (En capítulos anteriores: Lela, una mujer en crisis, encuentra un día en el parque a un jabalí que habla y que dice llamarse Paulocoelho. El bicho da muy buenos consejos, así que lo convierte en su coach personal. Gracias a las sabias palabras de Paulocoelho, Lela conoce al hombre de su vida, un escocés al que ella llama McGallard, un highlander como los que aparecen en las novelas a las que Lela es tan aficionada. En realidad MacGallard es su vecino, José Manuel Gallardo, capitán retirado de la Guardia Civil de Tráfico. Los dos viven su amor salvajemente en la deliciosa urbanización de ladrillos rojos donde residen, pero un día se enteran de que unos cazadores quieren abatir al sabio jabalí. Lo sacan de allí disfrazado con el uniforme de gala de la Benemérita, para que nadie se de cuenta, y emprenden una larga escapada en la moto BMW con sidecar, de la II Guerra Mundial, que McGallard heredó de su abuelo.  Protegidos con sus cascos de  soldado alemán, corren numerosas aventuras pues todos lo que topan por el camino quieren quedarse con el sabio Paulocoelho. Pero afortunadamente un día encuentran la protección de Las Trescientas, un pelotón de runners comandadas por la excuñada de Lela, llamada Trotte. Esta legión de mujeres está dispuesta a darlo todo por Lela y el jabalí y, sobre todo, no dudará un segundo en pasar por encima y triturar a cualquier machista explotador defensor del patriarcado más rancio y esclavizante).

     

     

    Capítulo 19

    Las Trescientas de Trotte habían envuelto juntos con cinta americana al cocinero Adrián Ferraz y al señor Maloloret y estaban jugando con ellos un partido de fútbol. Mientras, Trotte se ponía al día de las aventuras y desventuras de su excuñada Lela. Tras presentarle formalmente a McGallard, que atendía sospechosamente al partido que estaban disputando la chicas de Trotte, Lela procedió a hacer las presentaciones con Paulocoelho, el jabalí. Trotte le extendió la mano y el jabalí hizo lo propio con su pezuña. Después se retiró ligeramente las gafas de sol y le dedicó una larga mirada, de arriba abajo, a aquella monumental mujer que tenía ante sí. Luego sentenció:

    -Así debéis hacer vosotros: manteneos locos, pero comportaos como personas normales. Corred el riesgo de ser diferentes, pero aprended a hacerlo sin llamar la atención.

    Trotta también se le quedó mirando un rato largo al jabalí. “Hay que ver cómo se parece a Stallone cuando pone ese gesto de desconfianza”, pensó Lela al ver la reacción de su excuñada.

    -Joder, cómo habla este tipo, dijo Trotta después de unos larguísimos segundos.

    Trotta le dio la mano de nuevo al jabalí. Paulo asintió y pareció que entre sus colmillos asomó una risa cómplice. Luego, señalando con una pezuña a Trotta, añadió:

    -Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree.

    La excuñada le dio a Lela un codazo de complicidad. Había que ver cómo se explicaba el condenado general.

    -Siempre es así, chica, cada vez que abre la boca te descubre un mundo.

    Después Lela detalló a Trotte toda la historia de su relación con Paulocoelho. La excuñada no dejaba de mirar con asombro al jabalí. Lela le puso a Trota la mano en el hombro, buscando su complicidad:

    -No podemos dejarlo solo, Trotte, no podemos. Nos necesita. En cuanto nos despistemos un poco, cualquier desalmado querrá secuestrarlo y aprovecharse de él. Ya lo has visto. Tenemos que buscarle un refugio. Un lugar seguro para vivir. Mira a qué peligros se expone -añadió Lela señalando a los dos desalmados que ahora habían sido convertidos en balón por las entrañables guerreras-runners de Trotte.

    -Está bien, cuenta con mis Trescientas, uuuh-há –dijo Trotte. ¿Tienes algún plan?

    -No sé. Buscar las señales. Permanecer alerta. Dejar que la vida nos vaya guiando con su sabiduría.

    -Ay, querida, estás hablando ya como el bicho. Oye… ¿no te lo habrás cepillado también, no?

    -Cómo eres de burra, Trotte.

    -Ay, yo qué sé. Donde hay pelo, hay alegría.

    --------------------------------

    A la mañana siguiente se pusieron de nuevo en camino. Trotte y sus trescientas runners iban abriendo camino, allanando a su paso cualquier peligro que pudiera aparecer. Especialmente cualquier peligro masculino, incluidoss los campanarios de las iglesias, depósitos de agua y en general postes de la luz, por su inequívoco mensaje fálico y neutralizador de la diversidad de género.Detrás, en la BMW 75R, iban Lela, McGallard y Paulocoelho.

    McGallard conducía inusualmente callado. Inusualmente atento a lo que tenía delante. Parecía que algo captaba extraordinariamente su atención. Lela reparó en ese detalle.

    -¿Se puede saber qué te pasa, mi señor?

    McGallard, sin apartar la vista de aquello que tanto atraía su atención, señaló al frente, al pelotón de trecientas runners que, en mallas brillantes y coloridas, marchaban alegremente delante de ellos.

    -Cuuu-los, cuu-los.

    Luego Lela le ordenó que parase inmediatamente, se quitó parsimoniosamente el casco de acero alemán y le dio con él a su amado en toda la cara.

    El resto del viaje fue una delicia. Era sorprendente cómo McGallard podía conducir de espaldas, para no distraerse, y sin estrellarse. Gracias a las férreas pero a la vez delicadas indicaciones de su amada Lela, el hombre había demostrado que aprendía rápido. El amor no tiene límites.

    (Continuará)

     

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