Blog 
Sociedad Anónima
RSS - Blog de Eduardo Lagar

El autor

Blog Sociedad Anónima - Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

Sobre este blog de Comunitat

Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


Archivo

  • 22
    Abril
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Lonina retransmite la violación de su amiga por Periscope

     

    Cuando inventamos las ciudades inventamos también la vida privada. La aldea es una puesta en común, la vecindad es intensa y todos conocen tu historial de navegación. El tuyo, el de tus padres, abuelos y bisabuelos. Detrás de cada ventana siempre está la vieja del visillo.

    El último informe de la Fundación Telefónica sobre la sociedad de la información en España subraya que la principal preocupación de los internautas españoles, que es tanto como decir de todos los españoles, es mantener su privacidad. ¿Qué pasa con todos esos datos personalísimos que tienen colgados en la red? Ahora que nuestra vida real y nuestra vida digital se han fusionado, ahora que ya no diferenciamos las relaciones reales de las virtuales, estamos empezando a sospechar que cuando nos hablaron de la aldea global se referían precisamente a esto: que íbamos a perder de nuevo el supremo disfrute de la intimidad. “Aquí todo se sabe”, advierten en los pueblos. Sí, detrás de cada pantalla está vieja del visillo.

    El 82,8% de los internautas entrevistados para este estudio se mostraron muy preocupados por la privacidad de sus datos. El 85,2% expresó que desearían tener la posibilidad de identificar y borrar los datos personales que existan sobre ellos en la red. La desconfianza ya es tal que el 43% de los usuarios desconecta el ordenador o tapa la webcam para no ser espiados mediante programas de acceso remoto. Ese porcentaje asciende al 54,4% en el caso de los jóvenes entre 20 y 24 años.

    Nuestras vidas están en la nube. El 37,9% de los usuarios españoles tienen sus datos en servidores de Internet sobre cuyo nivel de seguridad desconfían enormemente, a tenor de las respuestas de esta encuesta.

    La privacidad va camino de desaparecer, si no lo ha hecho ya, y probablemente se convierta en el bien más preciado del nuevo siglo. Ni siquiera los más ricos pueden permitírsela ya. Antes bastaba un seto más alto o un seto de guardaespaldas para disuadir al fisgón, hoy ya nadie parece estar libre de que un hacker habilidoso exponga al mundo sus vergüenzas. El secreto ha muerto. Vean lo que les ocurre a todos esos poderosos de los Papeles de Panamá. “Aquí todo se sabe”, les dicen cuando alguien se los cruza, cariacontecidos, por los caminos de esta aldea global.

    La intimidad es el nuevo petróleo. Las grandes compañías lo saben. Por eso Apple pleitea contra el gobierno de Estados Unidos para quitarse de encima a las autoridades que le exigen las claves de acceso al teléfono de un yihadista. Porque el debate de fondo es que la compañía sabe que ha de seguir garantizando a sus clientes que no entrará jamás ningún gusano a comer en ese cesto perfecto de manzanas que un día imaginó Steven Jobs. WhatsApp, por su parte, trata de eludir los requerimientos policiales anunciando al mundo la puesta en marcha de un sistema de encriptado que ni ellos mismos pueden descifrar. Microsoft también ha llevado al gobierno de EEU a los tribunales para que sus clientes tengan que ser informados de que la policía ha perdido a la compañía que les permita husmear libremente en toda la información digital que dispongan de esa persona. Otros ya han sucumbido. Recientemente, Vice News desveló que la policía canadiense tiene en su poder desde 2010 la clave de cifrado global de BlackBerrie, y eso que la privacidad que ofrecían a los usuarios era una de las grandes fortalezas de esta compañía.

    Enternece ver cómo estos gigantes tecnológicos esgrimen nuestro derecho a la privacidad como gran argumento para luchar contra el supuesto gran hermano del Gobierno. Emociona verles enarbolar las grandes palabras: libertad, derecho a la intimidad… Como si fueran ellos mismos los asaltados, como si no fueran estas mismas tecnológicas las que cada día, cada segundo, van extrayéndonos dato a dato, gota a gota, millones de detalles de nuestra vida privada para después convertirnos en sujetos personalizados de la publicidad que nos venden. Somos targets. Por tanto, disparan sobre nosotros.

    ¿Y qué hay de los desprotegidos internautas, de las hormiguitas indefensas bajo el ojo que todo lo ve? Nosotros no queremos que nadie nos espíe pero, al tiempo, aborrecemos la intimidad. Nos produce auténtica náusea. El que no expone hasta los higadillos en las redes sociales empieza a ser sospechoso. En este planeta tan preocupado por preservar la vida privada -ese recinto privado que una vez allanado da paso al totalitarismo- el pasado 27 de febrero, en Columbus (Ohio, Estados Unidos), una mujer llamada Lonina retransmitió el directo por Periscope cómo un hombre llamado Raymond Gates violaba a su amiga de 17 años. Había que contarlo al mundo. Porque aquí todo se sabe.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook