La nueva hornada de políticos progresistas insiste una y otra vez en que la solución a la actual debacle educativa pasa por imponer a todas las familias españolas una escuela única, gratuita, pública y laicista. Olvidan que la primera escuela popular y gratuita fue la fundada por san José de Calasanz hace más de cuatrocientos años. En ella se educaba a los niños que vivían en la miseria absoluta para ofrecerles un futuro esperanzador.

La educación es esencial para el desarrollo de toda persona y, por extensión, para que una sociedad progrese y proteja los derechos de los más débiles. Una persona que reciba una buena educación dispondrá de argumentos para defender la verdad y por ende, será capaz de actuar en libertad. Y es esa misma libertad la que ejercen las familias para educar a sus hijos conforme a su criterio, buscando su bien último y eligiendo el tipo de educación que desean para ellos. Y es esa libertad la que temen los nuevos progresistas, pues son conscientes de que si mantienen la opción de libre elección de centro educativo se van a quedar ellos solos con sus escuelas públicas, gratuitas y laicistas.

San José de Calasanz fue el primero en fundar escuelas gratuitas para las familias pobres, pero no fue el único que lo dejó todo y dio su vida por esta noble causa. Ahí tenemos a la beata María Ráfols, san Marcelino Champagnat, san Juan Bosco, san Juan Bautista de la Salle, san Pedro Poveda, san Ignacio de Loyola y tantos otros. Más de uno pensará que hoy en día en nuestro país también abunda otro tipo de pobreza, la espiritual, y que nos vendría bien la aparición de nuevas figuras pedagógicas, religiosas o no, que se dedicaran en cuerpo y alma a la atención de estos nuevos menesterosos que tanto abundan. Pues que cada uno piense en sí mismo y si se ve capaz „con el permiso del nuevo gobierno progresista que vendrá„ dé un paso al frente y apoye las iniciativas que surjan para sacar adelante tan loable labor. Jesús Asensi Vendrell. Algemesí