12 de abril de 2016
12.04.2016

De personas y cosas

12.04.2016 | 04:15

Puedo leer en Levante-EMV del domingo una entrevista con Àgueda Micó, aspirante a dirigir el Bloc, que dice: «El pacto con Podemos salió bien, pero yo no lo repetiría si hay elecciones». Toda una manifestación de principios que ya escenificaron Martes y 13 con su sketch sobre el paquete de Gabriel: «No cambio mi paquete de Gabriel por dos paquetes de Gabriel». Leyendo la entrevista me invade el mismo aburrimiento y desilusión que el del trigo con la mula. Desde la estepa siberiana hasta el salar de Uyuni, desde los pensadores alemanes del XIX hasta los sujetos de estudio del proyecto Gran Simio, desde el marxismo al bolivarianismo, las diversas ideologías han intentado mejorar la sociedad y la vida de las personas con una ambición de universalidad.

Me resisto a pensar que pueda existir una ideología llamada valencianista o valencianismo político que además asegura estar orientada a las personas. Quizá en el Bloc tengan razón, y a las personas que habitamos este rincón del planeta no se nos pueda hacer extensiva una forma de convivencia política que pueda ser válida para otros seres humanos. Pero aun aceptando este postulado estúpido, el valencianismo sigue siendo una cosa que no puede ni debe estar por encima de las personas que viven en este territorio, que lo definen y lo cambian, y si ese cambio es para favorecer a las personas será gracias a ideologías universales o no será. Alfredo Alba Marín. Marines.

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