11 de junio de 2016
11.06.2016

El temor guarda la viña

11.06.2016 | 04:15

A este humilde servidor, solitario en una habitación en La Fe, lo tuvieron dos días sin decirle por qué estaba allí. Cuando en la sala de reanimación pregunto «¿enfermera, qué me está haciendo?», me responde: «Eso a usted no le importa». Cuando llamo con el timbre a la enfermera, aparece tras 20 minutos y me arranca el pulsador de un manotazo. Cuando mis fuerzas lo permiten salgo al pasillo (solo eso) y llaman a dos tipos de seguridad. Al octavo día de mi terrible intervención veo por primera vez al médico y viene a darme el alta. Abandono el hospital La Fe de Valencia con más de un centenar de grapas, el esternón sujeto con alambres y el brazo izquierdo hinchado con una punzada infectada. Por mi dolencia y el trato recibido en ese lugar no tiene explicación lógica que siga con vida. Enrique V. Moncho Freire. Valencia.

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